Por: Patricia Lara Salive

Cien Años de Soledad para niños

ASÍ COMO LO OYEN: UN BISNIETO del coronel Aureliano Buendía acaba de publicar un libro con bellas ilustraciones hechas por él, titulado Versión infantil y juvenil de Cien Años de Soledad.

En efecto, el autor es el escritor, profesor de historia y publicista José Stévenson, nieto de José María Valdeblánquez, el hijo mayor del Coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, abuelo legendario de Gabriel García Márquez que le inspiró a nuestro Premio Nobel el personaje de Cien Años de Soledad.

Pero Pepe no sólo es “primo” de García Márquez, como se llaman entre sí un montón de Márquez, y de Valdeblánquez, y de Alarcones, y de Díaz-Granados, y de Iguaranes sin que uno entienda bien por qué son primos, pero el caso es que no sólo lo son, sino que además fue amigo y compañero de generación de Gabo, y de Álvaro Cepeda, y de Héctor Rojas Herazo, y de Manuel Zapata Olivella y de Gonzalo González.

Pues sí, desde comienzos de los años noventa, durante una reunión familiar en casa del primo Óscar Alarcón, en la que estuvo García Márquez, a Pepe Stévenson le surgió la idea de realizar esta obra para niños. Primero resumió episodios de Cien Años… Luego, desafortunadamente, porque quedan algo deshilvanados, optó por tomar apartes textuales y significativos de la novela para ilustrarlos con preciosas acuarelas en tonos pastel que muestran al Coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento recordando la tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo; o a Úrsula Iguarán siguiendo el recorrido de ese hilo de sangre que atravesó el granero, pasó por el corredor de las begonias, “siguió en línea recta por la calle, y dobló luego a la derecha y a la izquierda (…) y salió a la plaza y se metió por la puerta de una casa donde no había estado nunca (…) y encontró a José Arcadio tirado boca abajo (…) y vio el cabo original del hilo de sangre que ya había dejado de fluir”; o acuarelas que enseñan a José Arcadio Buendía arrojando la lanza certera que atravesó la garganta de Prudencio Aguilar; o al mismo José Arcadio, con un trapo rojo amarrado en la cabeza antes de irse con los gitanos; o a José Arcadio, además, atado al castaño; o a Pietro Crespi tocando la pianola; o a Remedios La Bella desnuda entre las sábanas en trance de ascender al cielo; o a Mauricio Babilonia deambulando rodeado de su inseparable nube de mariposas amarillas; o al capitán dando la orden de disparar catorce ametralladoras para perpetrar la Masacre de las bananeras; o a José Arcadio Segundo, resignado, en medio del aguacero torrencial que lo sorprendió en el camino hacia Macondo; o a la sabia Úrsula Iguarán tristemente convertida en juguete para niños; o a la misma Úrsula, con ciento quince años por lo menos, cumpliendo la promesa de morirse cuando escampara y amaneciendo muerta en jueves santo; o a Macondo envuelto en ese “pavoroso remolino de polvo y escombros”;  o a Aureliano, “reuniéndose todas las tardes con los cuatro discutidores que se llamaban Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel, los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida”, a quienes sabiamente Pepe Stévenson dibuja con los rostros de Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor y Gabriel García Márquez.

Sí, valió la pena esta hazaña que hizo Pepe Stévenson de editar por su cuenta esta versión infantil de Cien Años de Soledad. Ojalá alguna de las grandes editoriales la divulgue, de modo que se cumpla su propósito: “Que este esfuerzo predisponga y catapulte a los jóvenes de ahora a la lectura del original”.

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