"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

hace 0 sec
Por: Ana María Cano Posada

Cine escrito

EXISTE EN COLOMBIA UNA REVISTA de cine contra todo pronóstico desde hace 15 años. De este estilo no hay sino otra en este continente, una en Argentina. Kinetoscopio ha abierto un nicho de lectores en Colombia y en otros países para alimentar la escritura y lectura dedicada al cine a través de asuntos distintos a los artistas y la farándula.

Hacer en este país escéptico una revista especializada en un tema de cultura y perseverar durante 15 años con la idea de formar un público, obedeció a la coincidencia de Luis Alberto Álvarez, un crítico de cine clave como enorme fuente conceptual, quien fue su cofundador junto con un apasionado cinéfilo, Paul Bardwell, director entonces del Colombo Americano de Medellín.

Ninguno de los dos está ahora, pero su idea y sus pasos siguen actuando en esta publicación. Y en el cambio que el cine colombiano ha tenido en los últimos tres años. Todos los que la han mantenido viva siguen la línea clara trazada por ese hombre inmenso que fue Luis Alberto.

Pero Kinetoscopio necesita asegurarse porque depende de la sostenibilidad económica de un organismo como el Colombo Americano. Su diferencia es la exclusividad de su contenido y la necesidad que tiene de él un número de interesados continentales que la han seguido todos estos años. Es usual que la especialidad de las publicaciones sea literatura o artes visuales, pero resulta imprescindible por su escasez, la del cine.

En Colombia existieron en los años 70 dos revistas con un calado y una trayectoria que marcaron el rumbo en Cali y Medellín. Ojo al cine dirigida por Luis Ospina y Andrés Caicedo y Cuadro dirigida por Alberto Aguirre. Eran tiempos de tantos cineclubes en las ciudades colombianas, que ellas hicieron la tarea de aglutinar espectadores en la búsqueda de salirse de la tiranía de Hollywood en la distribución y obligaron a tener salas de cine independientes para presentarlas. Estos otros circuitos escasean ahora cuando los centros comerciales han inventado un cine plan que excluye la mayoría de películas de origen propio.

Aquellas revistas han sobrevivido en los comentaristas de cine que son reconocidos y ocupan el único espacio que otras publicaciones informativas colombianas dedican al cine. También en los muchos que ahora se dedican a la industria del cine en Colombia, abriéndose lugar en este terreno estéril para la producción de bienes culturales. Pero lo más significativo son los espectadores que en todo el país se resisten a los seriados que son televisión en pantalla grande, a los temas sabidos, los finales grandilocuentes y al cine de centro comercial.

Arcadia recogió la discusión sobre el pulso de Kinetoscopio mientras el propio Colombo Americano confirma que la mantendrá en circulación. Porque la lista de revistas de cine vigentes es realmente corta: ella en Colombia, Sight & Sound (Reino Unido), Cineaste (Estados Unidos), Dirigido por (España), Cahiers du Cinéma (Francia o la edición española) o El amante (Argentina).

Ha cultivado Kinetoscopio los análisis de géneros, los dossiers, las entrevistas en extenso, ha recogido la historia cinematográfica además de haberle dedicado atención al cine colombiano antes de tener el interés que hoy ha alcanzado. La renuncia de su director de ocho años, Pedro Adrián Zuluaga, se anticipó a una carta de intelectuales que defendían la existencia de Kineto, como la llaman.

El problema de la cultura es ese, que la ausencia de recursos abona un espíritu alerta que impide que las cosas puedan discutirse y mejorarse con tranquilidad y termina volviéndose un tema de enemistades. El gran valor de ese camino recorrido por la revista de cine merece tener la ayuda de becas o de subsidios estatales, para tener cubierto un nicho que nadie más atiende aquí ni en el resto del continente.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ana María Cano Posada