Por: Dolly Montoya Castaño

Ciudadanía: camino a la paz dentro y fuera de las fronteras nacionales

En las últimas semanas hemos visto una serie de hechos de agitación política y social en el mundo, especialmente en países de nuestra región como Chile, Ecuador, Bolivia y ahora Colombia. Las movilizaciones obedecen a fenómenos sociales, de por sí particulares, diversos, complejos y multicausales. Quiero hacer de esta columna una oportunidad para referirme a una forma de actuar, que da cuenta de cómo el ejercicio activo de la ciudadanía lleva a nuestras sociedades a un mejor vivir.

Un ejemplo de este ejercicio ciudadano está siendo empleado como estrategia para enfrentar la prolongada ruptura de relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela. El pasado mes de septiembre nació la Convergencia Ciudadana Colombia-Venezuela (CCCV), una apuesta plural y diversa en favor de una diplomacia ciudadana binacional y regional. Convergencia que busca articular y multiplicar esfuerzos para promover el diálogo y los acuerdos entre distintos sectores sociales y políticos de ambos países, en donde además de tender puentes se pretende contribuir a una salida política y pacífica de la crisis que atraviesa el vecino país.

La Convergencia Ciudadana reúne más de 180 organizaciones y personalidades, incluidas comunidades académicas y universidades de ambos países, para contribuir en la gestión de estrategias de colaboración que ayuden a mitigar y resolver las dificultades que vienen afrontando los migrantes, los comerciantes y la población que habita los 2.219 kilómetros de nuestra frontera compartida. El pasado 13 y 14 de noviembre se realizó el primer diálogo de la Convergencia Ciudadana; allí sumamos experiencias para tratar temas como: seguridad en la frontera, situación humanitaria y migración, política de Colombia hacia Venezuela y de Venezuela hacia Colombia, economía y desarrollo sostenible fronterizo, necesidad de reconstrucción de la relación binacional y escenarios de solución de la crisis venezolana.

Como Institución tenemos la experiencia de haber impulsado junto a la Universidad Central de Venezuela, entre 1989 y 2012, el Grupo Académico Binacional que generó una intensa dinámica de investigación, docencia y trabajo con las comunidades de ambos países. Conjuntamente realizamos más de 20 eventos y publicamos una decena de libros. Los gobiernos de ambos países llegaron a vincular a los coordinadores del grupo, respaldados por las dos universidades, en sus comisiones de integración y vecindad fronteriza.

Históricamente los jóvenes de nacionalidad venezolana siempre han sido la mayoría entre los estudiantes extranjeros que eligen a la Universidad Nacional de Colombia para adelantar sus estudios universitarios. Actualmente, se encuentran matriculados en nuestros programas académicos 112 estudiantes venezolanos. Nuestras sedes de Arauca y de La Paz en el Cesar, ubicadas en departamentos que comparten frontera limítrofe con Venezuela, fortalecen aún más nuestro vínculo con el país hermano. Las dos sedes, junto a la de Amazonia en Leticia, Tumaco en Nariño y Caribe en San Andrés, son expresión de nuestra decisión como proyecto cultural, científico y colectivo de la nación de llevar las innovaciones sociales, artísticas, científicas, técnicas y tecnológicas que producimos en la universidad a las zonas que más lo requieren, particularmente a los territorios de frontera. 

Llegamos a esos territorios con el propósito fundamental de formar ciudadanos integrales que sean agentes de transformación ética y cultural con consciencia social. Formamos ciudadanos socialmente responsables porque asumimos que las personas se desarrollan y se potencian en comunidad y que el éxito de una sociedad depende de la capacidad de establecer diálogos y acuerdos entre diferentes. La Convergencia Ciudadana convoca al diálogo que, sumando a diversos sectores, permite definir iniciativas y acuerdos para fortalecer la cooperación e interacción de las poblaciones de ambos lados de la frontera, asumiendo que el éxito o fracaso y la estabilidad de cualquiera de los dos países tiene enormes repercusiones sobre el otro y sus comunidades.

Esta experiencia, resulta ejemplificante del tipo de acciones que nos corresponde emprender, desde el ejercicio responsable de la ciudadanía, no solo a las comunidades académicas y universitarias, sino a todos quienes, sin distingo del color político o ideológico, queremos mejores condiciones de vida para nuestras comunidades y territorios. Los mejores escenarios se construyen en interacción con lo diferente, reconociendo que solo en la suma de los acumulados y experiencias particulares se transita a nuevos y mejores estadios.

En este sentido, las movilizaciones de diversos sectores sociales en nuestro país tienen la responsabilidad de hacer de la protesta en sí misma una manifestación de diálogo. Por ello no pueden nunca ser violentas ni negar a sus interlocutores. Por su parte, el Gobierno Nacional debe también asumir una actitud dialogante.

La Universidad Nacional de Colombia se dispone a ayudar desde el ejercicio ciudadano, caracterizado por el diálogo constructivo que requiere información adecuada y transparente, solidaridad y respeto a reconstruir la relación binacional entre Colombia y Venezuela. Nuestro país cuenta también con la Universidad Nacional para promover la concordia entre los colombianos.

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

@DollyMontoyaUN

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