Por: Cecilia Orozco Tascón

¿Colombia, como Nicaragua y Venezuela?

Con el paso de los meses y el ejercicio del poder, la cara amable del gobierno Duque, misma con que convencieron a miles de electores no uribistas de votar por el candidato de esa agrupación para impedir —según decía la propaganda del miedo— que el extremismo del otro candidato sometiera a la nación a su yugo autoritario si ganaba la contienda, se diluye. En su lugar, aparece un rostro que ya no puede ocultar su propio extremismo, amargo, desafiante y vengativo. Entre muchos otros síntomas y para centrarnos solo en uno, la bochornosa reacción del presidente, su ministra de Relaciones Exteriores, su consejero para la Estabilización y la del más bruto de los congresistas del partido oficial al informe año 2019 sobre nuestro país, de la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos (Acnudh), excede o iguala la de regímenes dictatoriales del continente a los que, irónicamente, rechaza el Estado colombiano: la paja en el ojo ajeno...

Duque, haciendo gala de su escaso conocimiento de la condición supranacional de las agencias de la ONU, entregó una declaración contradictoria: “respetando el carácter multilateral que tiene la organización, me parece que es una intromisión en la soberanía del país…”. El mandatario dejó entrever, además, falta de lectura del informe cuando añadió que “me parece preocupante que poco se diga sobre las violaciones constantes a los derechos humanos… (del) Eln, el ‘Clan del Golfo’ o ‘los Pelusos’”. Le recomiendo, con todo comedimiento, que repase los puntos 8, 9, 10, 75, 81 y 84 del documento en que se enuncia el contenido de las afirmaciones hechas allí y remite a las pruebas documentales y verificaciones en campo, precisamente, sobre las graves violaciones a los derechos por parte de las disidencias de las Farc, el Eln y las bandas criminales.

Sigamos: la ministra Blum, a quien no se le ha oído una frase que no esté escrita en un papel, leyó un mensaje que es un galimatías: “La Cancillería observa con preocupación que la Oficina… presente supuestos casos delictivos que exceden estándares internacionales (?)… y que no han sido informados al Gobierno en los que lo mínimo esperable era una denuncia ante las autoridades (?)”. Hasta donde se entiende, “la denuncia ante las autoridades” es, justamente, el informe oficial de Acnudh que la administración Duque manda a la porra. No es tan difícil de comprender, piensa uno. Peor aún resultó la reacción del consejero presidencial Archila, conocido por su presunta moderación, y quien habló como si fuera cualquier Mejía. Insultó, llamando “chambonada”, el documento avalado por Michelle Bachelet, hágame el favor, y descalificó a su vocero Alberto Brunori, refiriéndose a él con desprecio, como “ese señor que parece que no lee (y que dice) mentiras”. El gobierno Duque remató su ataque a la señora Bachelet mediante ese ejemplar de diplomacia y finos modales Ernesto Macías quien ¡echó a Naciones Unidas del país!. Según él, hay que ¡“cerrar esa oficina de la Comisionada convertida en una guarida politiquera…”! Vergüenza de país.

En contraste, Venezuela, el “coco” con que nos infundieron temor, fue más moderada frente a informe similar que los delegados de Acnudh presentaron en Caracas la semana pasada. El vicecanciller de Maduro, sí señor, de Maduro, rechazó el documento criticando —como aquí— su metodología, pero en tono civilizado: “aún falta mucho camino por recorrer para alcanzar equilibrio…”. Y aunque añadió que “los derechos humanos no deben ser utilizados como armas para enmascarar estrategias de cambio de régimen…”, aseguró, así fuera únicamente por cortesía, que “el equipo de la Alta Comisionada… recibe el pleno apoyo de los órganos competentes del Estado (venezolano) para el cumplimiento de su misión en estricto apego a los principios del derecho internacional establecidos en la Carta de Naciones Unidas” (ver). La dictadura de Nicaragua es la única en el continente que se ha atrevido a expulsar al personal de Acnudh. Lo hizo en 2018 después de un informe sobre las violaciones a los derechos civiles en ese país y, hoy, continúa negándose a permitir su reingreso y, por supuesto, a su revisión de lo que sucede allá (ver). Quién lo creyera: el gobierno Duque en el rango del de Ortega y más agresivo que el de Maduro. Vivir para ver.

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2020-03-04T00:00:07-05:00

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2020-03-04T00:01:02-05:00

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