Por: Santiago Villa

Colombia puede hacer poco por Venezuela

Diplomáticos, políticos, periodistas y analistas se rasgan las vestiduras por estos días y se permiten ventilar sus frustraciones con el régimen venezolano. En especial ahora que Francisco Santos sugirió sin sugerir el dejar sobre la mesa una invasión militar al vecino país, y así tumbar de una vez por todas al régimen de Nicolás Maduro.

La idea es “súper chévere”. A los machos machotes y funcionarios con pantalones les llena de entusiasmo nacional una gran operación conjunta con Estados Unidos —¿se imaginan el orgullo?— que nos permita, y supongo que funcionaría así esto de una invasión a Venezuela, bombardear el Palacio de Miraflores, las bases militares del chavismo, los campos petroleros que suministran crudo a Estados Unidos y China, ah no, corrección, sólo los que suministran a China, y chocar contra los tanques de guerra venezolanos en las praderas donde rara vez ha hecho presencia el Estado colombiano, cuando no es en operaciones contraguerrilla. Incendiar los cielos socialistas, salvar a la patria vecina. Poco importa que Venezuela a su vez bombardee Cúcuta, Cartagena, Santa Marta, Barranquilla o la refinería de Barrancabermeja, que ocupe con sus tropas la península de La Guajira y las minas del Cerrejón antes de ser empujada hacia la serranía del Perijá por los marines estadounidenses, duchos en operaciones del desierto por su experiencia en Oriente Medio. Que nos llegue ahí sí la ola completa de refugiados. ¡Qué verraquera! ¡Vamos, muchachos, hasta la muerte!

Por favor: aterricen.

Las cosas no funcionan así en el terreno de la realidad. Aunque Donald Trump coquetee con la posibilidad de hacer una operación Panamá 2, los que se montan al tren del entusiasmo alevoso, como Francisco Santos, no hacen sino el ridículo. La tragedia que padecen los venezolanos, así se vuelva nuestra también por el influjo migratorio y los golpes económicos que generó perder a nuestro principal cliente comercial, es casi imposible de solucionar desde Colombia. Los que se quejan de que los gobernantes anteriores no han hecho nada por resolver la crisis de Venezuela no comprenden que Colombia puede hacer muy poco por salvar al país vecino de sus malos gobernantes. Personajes que en un principio ellos mismos eligieron, así luego hayan secuestrado las instituciones.

De nuevo insisto: Venezuela se parece mucho a Zimbabue, la fallida nación africana que fue comandada por el veterano de las guerras anticoloniales, Robert Mugabe, quien pasó de ser héroe antibritánico a chafarote africano, y condujo a la ruina a un país rico en diamantes, agricultura y otros recursos naturales.

Varias veces se habló de realizar operaciones militares desde Sudáfrica para tumbar a Mugabe, cosa que por demás era mucho más fácil que tumbar a Nicolás Maduro. En 1985, el régimen del apartheid amenazó con invadir porque Zimbabue acogía a las guerrillas del Congreso Nacional Africano, la “organización terrorista” a la que pertenecía Nelson Mandela. Nunca lo hizo.

Hace cinco años el expresidente de Sudáfrica Thabo Mbeki reveló que en el 2001 el entonces primer ministro de Inglaterra, Tony Blair, le sugirió hacer una operación militar conjunta para tumbar a Robert Mugabe. La economía de Zimbabue para entonces entraba a una espiral de inflación muy parecida a la de Venezuela, y seguiría atrapado en ella durante 15 años más, hasta la caída de Mugabe a manos de un golpe militar de su propio ejército el año pasado. Esto, dicho sea de paso, no ha solucionado por arte de magia los problemas económicos de Zimbabue.

Si de soluciones militares se trata, no serían las tropas extranjeras, sino las venezolanas, las que podrían decidir si habrá o no un cambio de régimen en el futuro inmediato.

Pero también supone una gran ingenuidad creer que Estados Unidos no tiene la llave mágica para llevar la situación de Venezuela a un extremo radical, que detone el cambio de régimen o su colapso, o el caos total en el vecino país, sin mover a un solo marine.

Si el país del norte, donde Francisco Santos tan alegre sugiere sin sugerir invasiones militares, corta toda compra de petróleo a Venezuela, toda exportación a Venezuela de los diluyentes con que mezcla el crudo para transportarlo en los oleoductos, y/o si deja de asegurar sus flotas de buques petroleros, se acaba la principal fuente de financiación del régimen de Maduro. Tendría China que acoger del todo el costo de mantener a Maduro, o presenciar su colapso.

Si Maduro sigue en el poder es también porque Estados Unidos, en cierta medida, ha sido “cómplice”. Así que si deseamos acusar a alguien de proteger el régimen de Venezuela, podemos empezar por Estados Unidos, que en lugar de comprar menos petróleo a Venezuela últimamente compra más. Les dejo este dato: entre febrero y agosto de este año, las importaciones de crudo venezolano a las refinerías del golfo de México aumentaron 43%.

¿Eso les parece “no dejar ninguna opción por fuera de la mesa”? ¿Por qué Francisco Santos mejor no denuncia esta hipócrita contradicción? Pues porque le da miedo. Tendrá pantalones, pero no tantos.

Twitter: @santiagovillach

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