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El árbol de San Pablo

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Adolfo Meisel Roca
16 de mayo de 2009 - 03:43 a. m.
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EN LA PLAZA CENTRAL DE SAN PAblo, Bolívar, hay un enorme árbol donde los pobladores han ido colocando unas tabletas pequeñas de madera con los nombres de las víctimas…

Pasamos a lo lejos y nadie de nuestro grupo se decide a acercarse mientras miramos estremecidos esta “ceiba de la memoria”, de la cual nos habían hablado pocos minutos antes, en una reunión con líderes comunitarios.

Estamos en el sur de Bolívar y a lo lejos se ve la Serranía de San Lucas. Para llegar hasta aquí desde Cartagena, la vía más rápida implica volar a Bogotá, de allí a Barrancabermeja, durmiendo en esta última para salir a las 8:00 de la mañana en una chalupa, que se toma una hora hasta San Pablo.

Luego, seguimos navegando río abajo durante dos horas más, para llegar a Simití. Este último es un pueblo de pescadores ubicado en un paraje hermoso en la ciénaga del mismo nombre. Simití presenta un gran contraste con una población ubicada allí cerca, a una media hora de carretera hacia la Serranía de San Lucas, Santa Rosa del Sur, también en Bolívar. Esta última, se ubica a 600 metros sobre el nivel del mar.

Lo primero que llama la atención de Santa Rosa del Sur es que su gente es mayoritariamente de origen boyacense y santandereano, y aunque también hay antioqueños, su proporción es mucho menor. Hasta la arquitectura de Santa Rosa contrasta con la de los pueblos del río, pareciéndose más a la de cualquier pueblo boyacense de tierra fría: casas sin terrazas ni balcones y orientadas hacia adentro. Estas no son casas donde se comparte la vida del pueblo sentado en una cómoda mecedora en la terraza, con techo para la sombra, que es común en las viviendas costeñas de los pueblos pequeños. Hay una gran actividad económica y se habla de muchos proyectos y negocios de minería del oro, siembra de cacao, ganadería, cultivos de fríjol. Se menciona que hace pocos años, hasta en la entrada del pueblo había siembras de coca, pero que hoy en día “los cultivos caminan”. Se mencionan las poblaciones de mineros ubicadas arriba en la serranía, a 2.500 metros sobre el nivel del mar, y a las cuales sólo se llega a lomo de mula o caminando durante varios días.

Es la misma historia de muchas zonas de conflicto, aislamiento geográfico, ausencia secular del Estado, presencia de la guerrilla, llegada de la coca y aparición de los grupos paramilitares. Más recientemente se presentó la desmovilización y luego un equilibrio incierto y una clara presencia militar del Estado. También hay algo de recursos de cooperación internacional para promover la capacidad productiva de la región.

Volvemos a Simití y el taxista, de origen santandereano, pero nacido en Santa Rosa del Sur, me dice que a ellos les gusta ir a Simití a las fiestas, pues son más animadas que las de Santa Rosa. También cuenta que muchas veces terminan en peleas entre los habitantes de estos dos pueblos, tan cerca físicamente y tan distantes culturalmente. Sin embargo, no hay que dejarse llevar por el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, pues es evidente que, sin excepción, el sur de Bolívar es un territorio cuya difícil topografía y ubicación lejana de la capital del departamento hace que sea una de las subregiones de Colombia con peores indicadores sociales. En sitios como este se necesita, pues, una presencia del Estado, que no sea sólo militar.

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