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El fenómeno Ignatieff

Adolfo Meisel Roca

29 de mayo de 2009 - 11:01 p. m.

EL 2 DE MAYO PASADO, LA CONVENción del Partido Liberal canadiense ratificó como líder a Michael Ignatieff.

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Doce días después, el Partido Conservador, el cual actualmente detenta el poder, inició una campaña publicitaria por televisión dirigida contra Ignatieff, con el argumento de que ha pasado 34 años de su vida adulta por fuera de Canadá y por ello no tiene un compromiso de largo plazo con el país. El aviso agregó un detalle claramente mal intencionado: según los conservadores, Ignatieff le pedirá a la Universidad de  Harvard que lo vuelva a contratar.

La razón por la cual los conservadores han enfilado sus baterías contra Igantieff es porque desde que fue escogido para suceder a Stephane Dion como jefe del Partido Liberal en noviembre de 2008, el respaldo a los liberales ha ido aumentando a tal punto que, si las elecciones fueran hoy, Ignatieff sería elegido primer ministro de Canadá. Sin lugar a dudas una carrera política brillante para alguien que hasta fines de 2004 estuvo radicado en Cambridge, Massachusetts, dedicado a la actividad académica en la Universidad de Harvard.

La vida de Michael Ignatieff se ha caracterizado por los continuos cambios de tercio, que sorprenden un poco, ya que los hace precisamente en momentos en que su faena está saliendo maravillosamente.

Por el lado paterno, Ignatieff viene de una familia de la nobleza rusa que fue muy influyente en el siglo XIX y comienzos del XX. Su abuelo, el conde Nikolay Ignatieff, fue el último ministro de Educación del zar Alejandro III, y uno de los pocos ministros que se escapó de ser fusilado por los bolcheviques. En el libro El álbum ruso, publicado por primera vez en español en 2008, Michael Ignatieff realizó una exquisita y a menudo conmovedora reconstrucción de la historia de su familia rusa y su difícil comienzo como desplazados sin recursos económicos en Canadá. De la vida de gran comodidad material, reconocimiento social e influencia política que llevaban en Rusia, llegaron a Canadá para recomenzar en condiciones nada fáciles. Al comienzo, varios de sus tíos trabajaron como leñadores en las heladas tierras del oriente canadiense.

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Poco después de graduarse en 1976 con un Ph.D. en Historia de la Universidad de Harvard, Ignatieff inició su carrera académica en Oxford y Cambridge. Pero cambió el tercio para alcanzar gran reconocimiento como periodista de radio y televisión en la BBC y la BBC2, donde entrevistaba regularmente a intelectuales destacados como Edward Said, Jung Chang, Isaiah Berlín y Marcel Ophuls, entre otros. Además, era un reconocido columnista en los principales medios escritos de ese país y publicó dos novelas, una de las cuales estuvo nominada para el prestigioso premio Booker.

En 2000, Ignatieff dejó a Inglaterra para volver a Harvard en calidad de Director del Centro Carr para los Derechos Humanos. Fue allí donde lo visitaron en 2004 unos dirigentes del Partido Liberal canadiense para preguntarle si le interesaría ser candidato para el parlamento de su país. En el otoño de 2006 salió electo a la Cámara de los Comunes por el distrito de Etobicoke-Lakeshore. Es fácil predecir que en los próximos años oiremos a menudo hablar del fenómeno Ignatieff.

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