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Inírida

Adolfo Meisel Roca

28 de mayo de 2010 - 10:16 p. m.

AL INICIARSE LA SEGUNDA DÉCADA del siglo XXI, no es fácil llegar a Inírida, capital del departamento del Guainía, desde otras regiones de Colombia.

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Por aire sólo es posible llegar en uno de los tres vuelos semanales que salen de Bogotá. Por el río Inírida el viaje dura entre tres y cuatro semanas. El recorrido de las mercancías que llegan por vía fluvial se inicia en Villavicencio, desde donde se viaja a San José del Guaviare por tierra. Desde allí se navega por el río Guaviare y luego por el río Inírida hasta llegar a la capital del Guainía. Por supuesto, el costo de transporte y el tiempo, o costo de oportunidad, encarecen mucho lo que llega de esta manera. Peor aún es cuando los productos llegan por avión, pues las tarifas de carga aérea son muy altas.

Hasta épocas recientes, había algún comercio con Venezuela, por la vía de los ríos Inírida, Guaviare y Atabapo. Hoy en día ese tráfico está casi paralizado, debido a la decisión del gobierno venezolano de restringir el comercio internacional con Colombia, lo que hace aún mayor el aislamiento de Inírida y del departamento del Guainía. En este departamento casi no hay carreteras, y el grueso de las comunicaciones es por vía fluvial. Además, la mayoría de los escasos habitantes de la zona viven en comunidades que están en los márgenes de los ríos.

El Guainía es uno de los departamentos más pobres de Colombia. Su producto interno bruto (PIB) per cápita sólo supera el de Putumayo, Vaupés y Chocó. En comparación con el de Bogotá, el PIB per cápita del Guainía  es de sólo una cuarta parte.

Un alto porcentaje de los habitantes del departamento están vinculados al sector público, el cual aporta cerca del 53% del PIB, entre la administración pública y los servicios educativos. La otra actividad importante es la agricultura de subsistencia, donde predomina la yuca brava, a la cual se dedican tanto las comunidades indígenas como los colonos.

El Guainía tiene un potencial no explotado para el turismo ecológico y el etnoturismo. En ese sentido, una de sus fortalezas es que tiene una gran diversidad étnica. Se destacan los grupos indígenas curripacos, puinaves y piapocos, pero también hay baniwas, cubeos, desana, guanana, piaroa, piratuyo, sikuani, siriano, tukanos y yeral.

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En las orillas de los diferentes ríos del Guainía se encuentran numerosos sitios con petroglifos que deben tener muchos siglos y que con una infraestructura adecuada podrían convertirse en sitios de interés turístico. Sin embargo, a la fecha no hay ninguna organización en este aspecto, y las pocas personas que eventualmente llegan a Inírida tienen que improvisar sus propias visitas a los más atractivos. Además, los guías ofrecen información muy poco fiable. Uno de ellos me aseveró que Alexander von Humboldt había estado en los petroglifos del lugar donde el río Inírida desemboca en el Guaviare. Sin embargo, en una rápida revisión del diario del célebre viajero se puede constatar que Humboldt estuvo en algunos de los numerosos petroglifos que se encuentran cerca de los ríos de la región, pero no en ese lugar específico. Por esta y otras razones, es necesario hacer unas inversiones iniciales mínimas que ayuden al despegue de esta actividad. Sin embargo, ese no debe ser un esfuerzo aislado de este departamento, sino que debe estar atado a una estrategia nacional para fortalecer la capacidad productiva de la Amazonia colombiana.

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