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La historia doble dela Costa

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Adolfo Meisel Roca
20 de septiembre de 2008 - 01:21 a. m.
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A RAÍZ DEL RECIENTE FALLECIMIENTO del sociólogo barranquillero Orlando Fals Borda (1925-2008), en diferentes medios de comunicación se ha resaltado su enorme aporte intelectual. También se ha señalado que su obra de mayor envergadura es la Historia doble de la Costa (HDC).

Creo que entre los científicos sociales colombianos hay un amplio consenso sobre la importancia capital de ese libro. Sin embargo, no se ha mencionado, que yo sepa, lo polémica que ha sido esa obra desde el momento mismo que se publicó.

Antes de ahondar en las críticas que se le han formulado a la HDC, veamos algunas de las razones por las que ha sido tan elogiada. Considero que la principal es que se refiere a la “historia de la gente sin historia”. Fals estudió las zonas rurales de lo que fue el antiguo departamento de Bolívar. Es decir, los actuales departamentos de Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba. En esa medida está sólo la mitad de la mitad de la Costa, pues no se refiere a los departamentos de La Guajira, Magdalena, Cesar, ni a Barranquilla, y sólo hace referencia marginalmente a Cartagena.

Esa historia de los habitantes de la Depresión Mompoxina y las sabanas de Bolívar, especialmente de sus más humildes trabajadores, era precisamente la que estaba ausente de los trabajos de las Academias de Historia, como la de Cartagena.

Fals no sólo reivindicó el pasado indígena, las luchas de los campesinos por la tierra, la adaptación a su medio ambiente de los habitantes de la ciénagas, sino también a personajes de origen humilde que ingresaron a la élite local o regional, como Juan José Nieto y Chano Romero. El primero fue el político costeño más importante del siglo XIX, hasta que apareció Rafael Núñez, y el segundo un comerciante de Sincé, quien habiendo empezado vendiendo ajo y cebolla en un burro, llegó a ser uno de los ganaderos más ricos de Sincelejo.

La otra gran cualidad de la HDC es el relato de las correrías de Fals Borda por los pueblos, caseríos, resguardos y ríos de la Costa rural, cuando realizó su investigación de campo. Esta narración, que se desenvuelve por lo que él denominó el canal A (por el Canal B en las páginas de la derecha va la discusión más académica y teórica), es de una gran riqueza etnográfica y de una enorme calidad literaria. Allí se acuñaron numerosas expresiones, como el hombre hicotea, que se han vuelto parte del vocabulario de los investigadores sociales sobre la Costa, e incluso de muchas personas que nunca han leído a Fals.

Lo que se le ha criticado a la Historia doble de la Costa es que a menudo su autor no tuvo el rigor con el manejo de las fuentes que es uno de los pilares de las ciencias sociales. Ese fue el principal aspecto que resaltó Charles Bergquist, en un duro comentario que le hizo a la HDC. Aunque Bergquist no puso ejemplos concretos, pues no es especialista en historia costeña, es posible encontrar muchos casos de esa falta de transparencia en la HDC. Por ejemplo, en el tomo segundo, sobre el general Nieto, construye un personaje que poco se parece al Nieto que se encuentra en sus propios escritos y al cual le atribuyó actuaciones que fueron fruto de la imaginación de Fals.

Pero nada de ello controvierte que Orlando Fals Borda nos legó en la Historia doble de la Costa la que hasta la fecha es la cima de las ciencias sociales costeñas. Un difícil reto para quienes intenten superarla.

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