19 Dec 2020 - 3:00 a. m.

Oficio artesanal

Hay oficios que es poco probable que lleguen a automatizarse. El arte sería uno de ellos. Escribir grandes novelas por medio de un software, en la actualidad, es una quimera y ojalá siga siéndolo en el futuro. La investigación académica también es un oficio artesanal, que requiere el cuidado, la atención y la flexibilidad para tomar decisiones todo el tiempo sobre la escogencia de los insumos, el énfasis que se le debe dar a un documento y el contexto en que se debe situar la evidencia. Escribir los resultados de las investigaciones requiere paciencia, concentración y persistencia, es decir, es una obra artesanal en su acepción más íntima.

Es común comparar la escritura con la actividad de cocinar. Hay que escoger los ingredientes, mezclarlos, estar atentos a cómo se comportan durante la cocción y probar para identificar qué podría faltar. Sin embargo, mientras casi todo el mundo dice que con la práctica se mejora el desempeño en el oficio de cocinar, debo decir que escribir en ciencias sociales es radicalmente diferente, pues con los años el desempeño no parece avanzar. Diría que investigar o escribir es un proceso de cocinar, pero en la cabeza. Cuando estamos inmersos en alguna investigación que nos apasiona soñamos con el tema, es como si nuestro cerebro tomara la evidencia y la fuera cocinando a fuego lento, muy lento, y vamos avanzando por niveles de comprensión cada vez más complejos e interrelacionados.

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