Hay algo bonito de estar vivo, en medio de la incertidumbre y de una época en la que se busca controlar o predecirlo todo. Hace unos meses me avisaron quién sería la presentadora nueva de un programa de entrevistas que dirijo en Teleantioquia y titulado Tener la razón no es suficiente. Su nombre: Eva Rey.
Y quienes admiramos las entrevistas y aprendemos con ellas, sabemos quién es Eva. Llegó a Colombia hace varios años y trabajó en medios como W Radio, CM&, RCN y NTN24. También ha participado en espacios como Desnúdate con Eva o ahora, Me vale.
Recuerdo que alguna vez de los meses anteriores, un grupo de personas (entre esos varios periodistas) dejó un aparte de una entrevista suya en un chat y empezaron a hablar de su forma de hacer periodismo. Otros recordaron algunas entrevistas polémicas que ha tenido y cuestionaron el haber dado voz a personas que, según ellos, no lo merecían porque habían cometido delitos.
Han pasado varios meses desde que trabajo con Eva y dirijo el programa en el que ella está (reconozco que al principio también tuve preguntas y más cuando escuché que algunos se refirieron a ella con la palabra “diva”) y ahora que el tiempo ha pasado y he podido verla en varias situaciones, confirmo algo que sucede mucho en esta época de juicios, verdades que se quieren entender al segundo y etiquetas que se otorgan a la gente: conoce bien el arte de la entrevista, sabe encontrar la esencia de las personas, es sensible, humana, colaboradora, honesta y logra que cada conversación sea entretenida. Esto último (aunque muchos cuestionen que el periodismo no debe ser espectáculo o una revelación de historias cotidianas personales) es interesante. Y es que si una persona logra escuchar bien lo que dice otra, en un mundo distraído y lleno de estímulos, podrá hacerse preguntas y entender. Adicionalmente, se sentirá igual de vulnerable a otros o llegará a comprender algún asunto personal no resuelto.
Las preguntas que hace Eva pueden convertirse en el punto de entrada a algo más profundo. Y sucedió hace unos días, en una entrevista que publicó en sus redes, y en la que conversó con varios modelos, a propósito de Colombiamoda.
Uno de ellos cuenta su caída al final del desfile. Además de mostrar emociones como el miedo en un evento que parece ser perfecto y en el que la estética de la ropa y del negocio son protagonistas, resulta interesante conocer historias así. Porque, al final, esas historias se convierten en llaves de entrada a otras preguntas y temas. Yo, personalmente, me pregunté por qué fue más importante ahí la estética que la seguridad de las personas.
Quienes hemos hecho entrevistas sabemos lo difícil que puede ser tener una buena conversación. Es necesario leer gestos y oportunidades, tener la valentía de preguntar, saber cuándo hablar o callar, dar confianza, dominar el arte de escuchar, leer emociones, lograr que otro se sienta en confianza para hablar, unir los relatos sueltos y retomar ideas sueltas.
En un mundo donde muchos quieren ser vistos, ganar fama o reconocimiento y sueñan con ser influencers sin haber estudiado las nociones mínimas de comunicación, la variedad de estilos periodísticos se vuelve cada vez más necesaria e importante. Y un estilo como el de Eva, que hace un viaje real al interior de otros, se agradece.