Un conjunto de hierbas malas. Así, más o menos, define el diccionario esta palabra, que muestra el tipo de creencias que hay sobre una parte de la naturaleza. Si cierro los ojos para concentrarme y evocar algunas imágenes, encuentro una. Hay un mayordomo de finca que con sus manos agarra un trozo de hierbas delicadas que crecen en el piso, las arranca, las tira a un lado del camino para que mueran a su suerte. Maleza.
También hay una señora que, después de recibir unas plantas que le regalaron, ve una desconocida y dice: “maleza”. Y la tira a una cesta de basura. Finalmente hay una más dura: un grupo de jardineros llega a un espacio verde, en medio de una vía de ciudad, y después de unos minutos comienzan a arrancar las plantas existentes: maleza. Aunque es cierto que puede haber algunas plantas que no aportan a ciertos tipos de tierra, lo que sucede en situaciones como las anteriores demuestra la necesidad de aprender sobre las plantas, animales y el paisaje que nos rodea.
Y es que son ellos, finalmente, quienes nos acompañan en este viaje por la Tierra, nos enseñan y dan regalos. Aunque algunos los vean como una amenaza. O les digan “maleza”. Un ejemplo de esto último son las llamadas passifloras. Cuenta la historia botánica que el primer estudio sobre ellas lo hizo Carlos Linneo, científico nacido en Suecia en 1753. En dicho estudio mencionó más de 20 especies.
En el caso de Colombia, el Instituto Humboldt destaca los trabajos de Linda Katherine de Escobar y Lorenzo Uribe, quienes hicieron un recuento de las especies colombianas de passifloras. Hoy es posible saber, gracias a ellos y a otras personas como Alexandra Hernández y Rodrigo Bernal, que Colombia es el país con más especies de passifloras en el mundo. Amazonas y Antioquia son los departamentos que más variedad tienen de ellas: adenópoda, biflora, capsularis, entre otras. En El libro de las plantas medicinales Eugenio Arias menciona entre sus propiedades (para el caso de la granadilla) la capacidad de calmar los nervios, curar fiebres o heridas o de ayudar en el tratamiento de la epilepsia.
Además de lo anterior, estas passifloras que crecen como enredaderas y que muchos arrancan por considerar que son maleza, son casa y alimento de polinizadores: abejorros, abejas y mariposas.
En el mundo hay países que han avanzando en la protección de este tipo de plantas, que aunque probablemente no tienen una apariencia muy atractiva en sus fases iniciales (algunas passifloras adquieren una fachada hermosa cuando florecen), están llenas de regalos, y de forma injusta han sido llamadas “maleza”.
Por ser arrancadas o ignoradas, algunas de estas variedades de passifloras ya están en peligro de extinción. Y sucede en un país como Colombia, al que le fue dado el regalo de la naturaleza; animales y plantas abundan aquí. Y mientras tanto, las especies que sí son consideradas invasoras (como el Ojo de Poeta) sí proliferan.
Si miramos las noticias y la realidad del país vemos que las principales hierbas malas son la corrupción, la ignorancia de nuestros líderes, la incapacidad de querer a otros, las palabras que se quedan en ruido y no llevan a la acción. Ahí está la verdadera maleza.