Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Estamos a 11 semanas de la primera vuelta presidencial y hay quienes todavía analizan el triunfo de Gustavo Petro como un paréntesis en la vida política colombiana. Según esa visión, el país venía bien, todo marchaba por una senda de progreso en la que las enormes desigualdades sociales eran apenas costos colaterales, hasta que ¡pum!, súbitamente llegó la pandemia, y entonces ¡pum!, la gente se alborotó e hizo un paro nacional, luego del cual ¡pum!, Petro fue elegido presidente.
Visto así, como hoy no hay ni pandemia ni paro entonces ya podemos cerrar este paréntesis y en las próximas elecciones todo debe volver a la normalidad. La normalidad consiste en que gane la derecha. (Paloma Valencia no es de centro. Es una obviedad decirlo, pero la estrategia consiste en convencernos de que Abelardo de la Espriella es la derecha y Paloma es el centro, o si acaso la centroderecha. Y no).
A quienes creen que el paréntesis está a punto de cerrarse les conviene revisar los resultados electorales de este domingo. El Pacto Histórico, el partido de gobierno, les pidió a sus militantes no votar en la consulta de la izquierda, y sus votantes obedecieron. El Pacto sacó 4,4 millones de votos en las elecciones de Senado, fue la lista más votada y aumentó su número de curules; mientras que la consulta de los disidentes de la izquierda quedó en menos de 600.000 votos. El supuesto pulso entre Iván Cepeda y Roy Barreras para definir el legítimo candidato a la Presidencia quedó zanjado por nocaut.
El Pacto Histórico barrió en Senado, pero además logró curules en al menos 20 de las 33 circunscripciones territoriales, y en varios departamentos fue la fuerza más votada. Por primera vez eligió representantes en Quindío y Risaralda, por ejemplo, y se consolidó en Antioquia, Atlántico, Santander, Bogotá y Valle, entre otros. En varias circunscripciones presentó listas cerradas, construidas con base en los resultados de las consultas de octubre, y esa estrategia salió bien.
Desde este domingo el Pacto Histórico es una fuerza política aún más sólida de lo que era. Tiene más senadores, más representantes y más presencia nacional. Eso contradice la visión de quienes creen que estas aguas desbordadas de la izquierda en el poder son una anomalía temporal, y en las próximas elecciones todo volverá a recuperar su antiguo cauce.
Que yo le encuentre múltiples defectos al presidente Petro y a varios miembros de su equipo de gobierno, y que cuente los días para que termine este cansancio de trinos desatinados y caos en la salud, no me impide ver que la popularidad de Petro existe más allá de las encuestas y se traduce en votos. Hay enormes sectores de la población que estuvieron excluidos y desatendidos durante los sucesivos gobiernos de derecha y centro derecha y ahora se aglutinan en torno a un partido que atrae no solo a la izquierda mamerta de antaño, sino a jóvenes, líderes sociales e incluso a muchos de los que en 2010 votaron un cambio con la Ola Verde de Mockus.
Iván Cepeda ha hablado poco en esta campaña (y lo poco que ha hablado lo ha leído), pero este domingo aseguró un pie en la segunda vuelta. El reto que tiene es lograr meter el otro pie, y hasta ahora no es claro cómo hará para atraer a los votantes de centro, que no hacen parte de ese enorme núcleo de votantes que ya tiene el Pacto Histórico.
Y en esa estrategia, la de seducir al centro, me parece que Paloma Valencia le lleva varias semanas de ventaja.
