El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Yo también tuve una ilusión (pero ya no)

Adriana Villegas Botero

05 de mayo de 2026 - 12:05 a. m.
“Esta lánguida y camorrera campaña que estamos atravesando es, sobre todo, una campaña desesperanzada”: Adriana Villegas Botero.
Foto: El Espectador
PUBLICIDAD

Es extraña (y también triste, y vacía y carente de imaginación) una campaña presidencial que no ofrece una ilusión de futuro, así se trate de una ilusión falsa, como la de pavimentar el río Magdalena, la promesa que hizo Goyeneche en los años 60.

Esta lánguida y camorrera campaña que estamos atravesando es, sobre todo, una campaña desesperanzada. Lo que ofrecen los candidatos que puntean las encuestas es miedo: “Vote por mí, porque qué miedo volver al pasado que ya sufrimos”. Así, a los ciudadanos nos toca elegir entre cuál pasado nos parece menos peor: si los últimos cuatro años de Gustavo Petro, o los doce del uribismo en el poder.

Ilusión fue lo que despertó Carlos Gaviria en 2006. En medio de esa larga noche oscura y violenta que fue el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, la candidatura de Carlos Gaviria fue un respiro ético en un país rendido al poder del paramilitarismo y el narcotráfico. El exmagistrado Gaviria perdió, pero su votación mostró que el culto a Uribe no era unánime y que sí era posible soñar una política desde la decencia y el respeto a las libertades individuales.

También fue ilusión lo que generó la Ola Verde de Antanas Mockus en 2010. Las redes sociales, tan nuevas en ese entonces, inflaron un fenómeno político que el día de la elección evidenció que muchos clics no significan votos. Perdimos, pero quedó la evidencia de un legítimo entusiasmo juvenil que rechazaba los falsos positivos y exigía frenar la corrupción y la violencia.

También hubo ilusión en 2014: muchos de los que votamos contra Juan Manuel Santos en 2010 lo apoyamos en 2014 porque los diálogos de paz en La Habana ofrecían la posibilidad real de la desmovilización de las FARC. Con esa misma ilusión votamos “Sí” en el plebiscito de 2016, que el “No” ganó raspando y con mentiras, como confesó el promotor de esa campaña. El ajuste del Acuerdo y su firma en el Teatro Colón fueron un momento de ilusión por un futuro mejor, comparable únicamente con la firma de la Constitución de 1991.

La campaña de 2018 estuvo marcada por el resultado de ese plebiscito. Iván Duque prometió hacer trizas el Acuerdo, mientras que Gustavo Petro prometió implementarlo. Fajardo se fue a ver ballenas, luego de la primera vuelta; Petro perdió y el uribismo regresó al poder. Dos estallidos sociales, uno en 2019 y otro en 2021, recordaron que muchos sectores marginados seguían anhelando un cambio social que impactara su vida cotidiana en términos de inclusión social. Esos reclamos fueron la semilla que Petro cosechó hace cuatro años, cuando el uribismo (parece que hoy se les olvida) ni siquiera alcanzó a pasar a la segunda vuelta.

“Seré el primer presidente de izquierda” fue la bandera que Petro repitió en 2022. Algunos auguraban que eso significaría convertir a Colombia en Cuba y llenarnos de expropiaciones. Otros soñaron con vivir sabroso, tren elevado de Buenaventura a Barranquilla y universidad gratis para todos.

En 2026 ya sabemos cómo es un gobierno de izquierda y sabemos también (tenemos máster en eso) cómo son los gobiernos de derecha. Debe ser por eso que algunos aún dudamos por quién votar, pero todos tenemos clarísimo por quiénes jamás lo haremos.

Por Adriana Villegas Botero

Periodista, abogada y doctora en literatura. Autora de los libros ‘El oído miope’, ‘El lugar de todos los muertos’ y ‘Sakas’. Profesora en la Universidad de Manizales. Ha recibido tres veces el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.
Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.