17 Mar 2021 - 3:00 a. m.

“De la república a la dictadura”

Alberto Donadio

Alberto Donadio

Columnista

Uno de los libros insignes sobre las libertades públicas es De la república a la dictadura, de Carlos Lleras Restrepo, dado a la luz en 1955. Enmarcado en la época de la persecución de los gobiernos conservadores contra los liberales, conserva vigencia como manifiesto contra los abusos de poder. Lleras fue claro: “La violencia ha sido planificada para conseguir determinados resultados electorales. El Partido Conservador, cuando la mayoría del liberalismo se manifestó en las victorias parlamentarias de 1947 y 1949, decidió utilizar la violencia para alterar los previsibles resultados de la elección de presidente”. El juego era doble, eliminar por medio de la violencia los sufragios liberales y aumentar por medio del fraude los votos conservadores.

En un discurso en el Senado, en octubre de 1949, Lleras se dirigió así al ministro de Gobierno, Luis Ignacio Andrade: “Usted sabe muy bien cómo ha operado el fenómeno. Hoy se escoge un pueblo, mañana otro, para la criminal hazaña, y sitios donde antes reinaba la tranquilidad porque allí estaba el Ejército se desangran de la noche a la mañana”. Las autoridades ordenaban el retiro de los soldados y se enviaban policías “apasionados y sectarios y, al lado de la Policía, matones y facinerosos encargados de atacar e insultar a los liberales”. Luego los jefes liberales abandonaban el municipio o eran asesinados. Comenzaba así la intimidación para que los campesinos entregaran sus cédulas o para que, “a cambio de la vida, se comprometan a no votar”. Un año después decía Lleras: “Es notable la lista de honores oficiales que se han otorgado a quienes dirigieron la violencia desde el pasado gobierno. El señor Luis Ignacio Andrade ocupa hoy la embajada ante la Santa Sede”.

Para Lleras, el mayor pecado cometido por el gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) fue llevar a la Policía a “verdaderos criminales, sedientos de sangre, temidos y odiados por las gentes pacíficas”. En 1951 anotaba Lleras: “No es cierto que la historia de estos años sombríos sea la de dos colectividades enloquecidas, cegadas por el odio sectario. No es cierto que haya corrido la sangre colombiana por causa del arranque impremeditado de la pasión política, en momentos de exacerbación. Casi siempre la violencia ha obedecido a una orden fríamente impartida y cruelmente ejecutada; casi siempre quienes le sirvieron de agentes implacables vestían un uniforme y llevaban en las manos los fusiles de la república”. Agregaba: “La verdad es que Ospina y [Laureano] Gómez son solidarios en la atroz empresa que condujo al derrumbe de las instituciones y a la desolación de la república”.

Lleras Restrepo empleaba términos que cobran vigencia en cualquier tiempo: “Quienes se han formado admirando el éxito tempestuoso de la violencia se harán solidarios con el crimen que les aprovecha. Lo primitivo, lo que viene espontáneamente a la mente impulsiva del salvaje es el uso de la violencia para adquirir la primacía”. Carlos Lleras Restrepo adhería a la filosofía opuesta: “El arma de las ideas tiene su propia eficacia frente a las bayonetas. Siempre encuentran los espíritus valerosos y las inteligencias lúcidas maneras de luchar, de romper el cerco que trata de oprimirlos”.

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