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30 Jan 2021 - 3:00 a. m.

Expedition Colombia

Mi sobrino Camilo Duque Donadio se ahogó trágicamente el 28 de junio de 2020 en el río Calderas al oriente de Antioquia. El kayak en que navegaba quedó sumergido y atrapado entre dos piedras al pasar un rápido. Iban con él un amigo antioqueño y un amigo francés. El francés le enseñó hace varios años a navegar en kayak. Fue primero su instructor, luego su amigo. Se llama Jules Domine. Todas las veces que navegó con él, Camilo siguió sus instrucciones. El francés era siempre el guía, el que decidía por dónde pasar los rápidos. Era el experto y el conocedor del río. Nunca se invirtieron los papeles. Camilo practicaba el kayak ocasionalmente, se dedicaba al trabajo artístico con madera. Jules Domine ofrece sus servicios comerciales para navegar por los ríos de esa región por medio de una empresa, Expedition Colombia, cuya página web señala: “Todos nuestros guías han recibido una amplia formación médica en la naturaleza y están conectados con servicios externos en todo momento, listos para brindar asistencia urgente si es necesario”. No es cierto. Prometer lo que no existe es imprudente, irresponsable y temerario.

El 28 de junio Jules Domine no llevaba ni siquiera un celular. Tuvo que navegar río abajo para que en una casa le prestaran un teléfono para llamar a los bomberos de Cocorná. Le respondieron que no podían ir. Camilo pasó mucho tiempo sin recibir asistencia médica. Los registros del río Calderas medidos en el limnígrafo cercano al sitio donde murió Camilo indican que el caudal promedio ese día fue de 59,57 m³ por segundo. Solo 21 días durante el último año tuvieron un caudal igual o mayor. A la hora del accidente era un 30 % mayor que el día anterior. Las condiciones del río no eran pues similares a las del día precedente, como afirmó Jules Domine en entrevista con Ana Cristina Restrepo (El Espectador, 19/12/2020), sino aún más peligrosas que el día previo, por lo cual debió haber cancelado la salida. Además, Jules Domine no inspeccionó el rápido antes de pasar por el sitio y dio una instrucción errada, según él mismo escribe en su informe a los padres de Camilo.

Nada le devuelve la vida a Camilo. Nada les devuelve el sosiego a sus padres, hoy transidos de dolor. Pero sí hay que advertir públicamente los peligros que corren los clientes colombianos y extranjeros de Expedition Colombia y empresas similares, para que no se repita la tragedia. Se necesita licencia de la autoridad competente para abrir un salón de belleza; en cambio, para cobrar US$2.000 o US$3.000 por navegar en kayak no se requiere permiso alguno ni llevar celular. Ni hay que tener equipos de rescate que acompañen a los navegantes, como en Costa Rica y otros países. Cuando uno lo vive, entiende cómo el engaño y la mentira pueden ser letales y terminar con la vida de un joven artista lleno de sueños.

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