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Gabo y 'El Tiempo'

Alberto Donadio

19 de abril de 2014 - 09:00 p. m.

“Inmortal”, tituló la edición digital de El Tiempo al morir Gabo. Pudo haber utilizado ese mismo calificativo exactamente hace 33 años, en abril de 1981, cuando Gabo tuvo que refugiarse en la embajada de México en Bogotá y salir de Colombia bajo la protección de un Estado extranjero para que los militares colombianos no lo pusieran preso y lo interrogaran sobre supuestos vínculos con el M-19.

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En el cogobierno de Julio César Turbay Ayala y el general Luis Carlos Camacho Leyva, ministro de Defensa, fue llevado preso el poeta Luis Vidales en 1979. Herr Kamacho Leyva, como lo llamaba Klim, advirtió: “Aquí no hay poeta que valga”. Era de dominio público en Bogotá que a García Márquez lo iba a arrestar la justicia penal militar, como luego escribió desde México el propio Gabo. Varios funcionarios del gobierno de Turbay explicaron así la salida intempestiva del novelista, en términos que él mismo resumió para su columna de El Espectador: “El primero es que me fui de Colombia para darle una mayor resonancia publicitaria a mi próximo libro. El segundo es que lo hice en apoyo de una campaña internacional para desprestigiar al país”. Para el escritor, “ambas acusaciones son tan frívolas que uno se pregunta escandalizado si de veras habrá alguien con dos dedos de frente en el timón de nuestros destinos”. Y agregó sobre el segundo cargo: “Tengo el inmenso honor de haberle dado más prestigio a mi país en el mundo entero que ningún otro colombiano en toda su historia, aun los más ilustres, y sin excluir, uno por uno, a todos los presidentes sucesivos de la República”. En El Tiempo se publicó una columna de Ayatola (Rafael Santos Calderón) que pretendía establecer una relación cronológica entre un reciente viaje de Gabo a Cuba y el desembarco de guerrilleros en el sur de Colombia. Gabo escribió: “El estilo y la concepción de su nota lo delatan como un retrasado mental que carece por completo del sentido de las palabras, que deshonra el oficio más noble del mundo con su lógica de oligofrénico, que revela una absoluta falta de compasión por el pellejo ajeno y razona como alguien que no tiene ni la menor idea de cuán arduo y comprometedor es el trabajo de hacerse hombre”. Añadió que había mantenido amistad con Hernando Santos Castillo, padre del columnista, y con Enrique Santos Castillo, padre del actual presidente: “He tenido la buena salud mental de tratarlos como si ellos no tuvieran nada que ver con un periódico que siempre he visto como un engendro sin control que se envenena con sus propios hígados. Sin embargo, esta vez el engendro ha ido más allá de todo límite permisible y ha entrado en el ámbito sombrío de la delincuencia”. Acotó García Márquez que El Tiempo era un “periódico demente cuyo raro destino, desde hace muchos años, es jugárselas todas por presidentes que detesta. Del otro lado estoy yo, con mis amigos incontables, preparándome para iniciar una vejez inmerecida, pero meritoria”.

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