11 Jun 2021 - 12:22 a. m.

Antídoto contra la subyugación

Tanto los primitivos líderes de manadas, los patriarcas, los jefes de tribus, los monarcas, como los mandatarios de naciones modernas, han sustentado su poder con tres condiciones básicas: la intimidación, la designación y la comunicación.

En la prehistórica manada el macho alpha se imponía por su fortaleza física, por las armas o porque lo secundaba un ejército.

Abraham y Moisés fueron designados por Dios para guiar al pueblo hebreo, Isabel I de Inglaterra mereció el reino por sus abolengos, la plutocracia designa mandatarios de su casta.

La comunicación, desde siempre, ha sido factor de poder: los discursos, la educación, los libros, el arte, los medios de comunicación, como instrumentos persuasivos o de manipulación.

Por supuesto, dichas potencias se perfeccionan al mismo ritmo que se desarrollan las sociedades. Los emperadores del imperio romano sabían combinar el despotismo con pan y circo en su justa medida, el decadente Calígula decía: “es mucho más seguro ser temido que ser amado.”

Al filósofo cínico Anacarsis se le adjudica el argumento: “La crueldad justificada por la razón de Estado”, principio ético de la máxima “El fin justifica los medios” que desarrollaría Maquiavelo en El Príncipe, manual para que el gobernante mantenga el poder, justifique su autoridad y asegure la obediencia.

Ya en la era industrial, con el desarrollo de la electricidad y de las comunicaciones, en la Alemania Nazi, Joseph Goebbels, Jefe del Ministerio del Reich para la ilustración pública y propaganda, diseñó la estrategia de manipulación masiva, para reforzar el culto al Führer, para enajenar juventudes pro el nazismo, para popularizar la xenofobia y justificar el exterminio de judíos. Sin duda, las técnicas de manipulación y el uso subyugante de los códigos comunicacionales que práctico con éxito la propaganda Nazi, inaugura el sistema de estrategias de manipulación mediática que hoy practican los gobiernos proclives al despotismo y con más ahínco las dictaduras, cada vez con más sofisticación, toda vez que las tecnologías cibernéticas e informáticas ya son globales y popularizadas.

De ello se ha referido con tino crítico Noam Chomsky y el francés Sylvain Timsit distinguió las diez claves de la actual manipulación mediática, por cierto bastante difundidas y de sencilla y pedagogía.

Aquí en Colombia, como era de esperarse, en este gobierno infausto del presidente pelele Iván Duque, porque en realidad es el tercer periodo del caudillo de la secta abyecta, se han usado todas las artimañas manipuladoras, con ofensivo descaro.

Desde la campaña electoral el director de noticias RCN empezó a engrupir la audiencia con tan balurdo como malintencionado cotejo entre los contendientes punteros en votos, consintiendo a su candidato Duque con preguntas frívolas para exaltarle la jovialidad y lo cosmopolita, mientras que al contrincante Petro lo confrontó con infundios sobre sus bienes y su antecedentes subversivos. Así mismo, la consigna intimidante de campaña fue la falaz amenaza del “Castrochavismo” encarnada por el oponente.

Ya posicionado el pelele de Uribe y sus secuaces del partido Centro Democrático, los de la secta abyecta han puesto en práctica los principios goebbelianos: individualizan al enemigo reuniendo adversarios en una sola categoría, así: el diabólico acuerdo de paz con las FARC, el acecho del régimen del dictador Maduro, la narcoguerilla y los peligrosos representantes de la oposición que infunden el socialismo del siglo XXI inculcado por el Foro de Sāo Pablo, todo lo cual encarna el asustador castrochavismo, fórmula para los “principios de transfusión y vulgarización” que consisten en difundir conceptos que se asimilen sin esfuerzo mental para que arraiguen en actitudes primitivas, como el odio, el miedo al cambio y la discriminación a los que contradigan las nociones y las modalidades impuestas a favor de los intereses del gobierno.

Aguanta resaltar, acéptenme el argot callejero, que durante el paro en protesta por el mal gobierno se dieron garra con las cínicas estrategias de manipulación y las medidas de control para contrarrestar y desvirtuar las impávidas y multitudinarias manifestaciones. Acaso porque el subpresidente, sin experticia de estadista, sin táctica aplica métodos de subyugación, o porque el autócrata abyecto, con la justicia respirándole en la nuca, no le importa que se queme su pelele con tal de que obedezca su guía y convenientemente mantenga el control en los tres Poderes. También por el principio que reza: “conocer a los súbditos mejor de lo que ellos se conocen”, sabidos de que el pueblo colombiano con dos siglos gobernados por las castas plutocráticas ya está domesticado para la subyugación.

Pareciera que les está funcionando el viejo truco de “divide y reinarás, lo digo porque un sector de la sociedad autodenominada “gente de bien”, obviando que los privilegios y los derechos de que gozan fueron reivindicaciones de anteriores luchas populares y en cambio se empoderan de su presunto estatus y denigran de los manifestantes.

Lo que no estaba en el libreto de los regímenes camaleónicos que mimetizados de tono democrático porfían la autocracia, es que la globalización de las comunicaciones a propiciado el que las nuevas multitudes accedan a la información y a saberes diverso, haciéndose conscientes y cualificándose en criterios sociales y culturales, con lo cual las mayorías ya no somos tan ajenos a sus mañas, ni tan dóciles.

De suerte pues, que la democratización del conocimiento, digamos que la profusión de la educación desde la informática y la tecnología digital, se ha constituido en una suerte de conjuro contra los sortilegios manipulantes de las élites que por tradición acapararon el poder.

Ya sabían que la educación es el antídoto contra la subyugación, por ello en esta coyuntura de transición a nuevas maneras de participación democrática y con el sano empoderamiento de sectores de la sociedad antes discriminados, recurren a la imposición violenta y les turba el que ya no son tan efectivas las tales estrategias de manipulación mediática ni su flaco su autoritarismo.

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