Era un martes ese 26 de septiembre de 2017, en la sede del grupo de títeres “El guiño del guiñol” nos encontramos por casualidad cuatro miembros fundadores: La historiadora María Teresa Vela, el antropólogo y crítico de arte Manolo Pardo, el director y titiritero Camilo Cuervo que era el anfitrión y yo, dramaturgo de varias de las obras del grupo. Compartíamos un vino cuando escuchamos en la radio que el Comité de Escogencia del Sistema de Verdad, Justicia y Reparación y no Repetición designó a la doctora Mirtha Patricia Linares Prieto como primera presidenta de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), enseguida, los cuatro chocamos las copas y brindamos porque la designada fue nuestra compañera y amiga en los tiempos de universitarios.
Fue un día de 1979 cuando Mariate, que para entonces ya era su entrañable amiga, la llevó al salón del Auditorio León De Greiff en el que ensayábamos y montábamos las primeras obras de títeres. Para entonces Patricia debía tener 23 años de edad, era una jovencita agraciada y formal, esa vez vestía un saco de lana virgen, bluejean y Lucía un bolso de cuero crudo que le combinaba con el cinturón y los botines del mismo color y material. Nos contó que cursaba último semestre de Derecho en la universidad de Santo Tomás y que al tiempo estudiaría filosofía ahí, en la Universidad Nacional, lo cual ya avisaba su interés por cultivarse en el humanismo y por el pensamiento alternativo de la época. Desde siempre mostró su vocación de jurista, sin embargo, se involucró en nuestras rutinas culturales, asistía con nosotros a conciertos y obras de teatro y alguna vez, creo que por propuesta de Camilo, nos acompañó como utilera a una presentación, lo que demostró no solo su altruismo sino su tolerancia, porque la pusimos a sostener, con los brazos en alto y durante más de media hora que duraba la función, una rudimentaria escenografía que debía pesar como tres kilos.
Procedía de una familia trabajadora, de la clase media, pero, pese a su edad, siempre mostró solvencia económica, de hecho, de varias maneras cumplió con el grupo un mecenazgo: A Camilo Cuervo, con quién fueron buenos amigos, le publicó, en la tipografía de su papá, un bonito plegable con los poemas juveniles, a sabiendas de que no se vendería, también imprimió carteles de las obras y aportó para la producción de alguna obra. Recuerdo que no le gustaba su primer nombre, lo ocultaba como algo vergonzante y se molestó cuando descubrimos completo su nombre de pila en el carnet de la universidad, más porque bautizamos “Doña Mirtha” un personaje femenino , cuya personalidad era contraria a la suya, la Mirtha de nuestra obra era una mujer huraña y ventajosa, al final la broma sirvió para conjurarle el complejo.
En el turbulento inicio de los años ochenta, cuando el estudiantado padecía los atropellos del Estatuto de Seguridad implantado por el presidente Turbay, y tanto en el campo como en las ciudades había grupos guerrilleros y particularmente el M19 con sus acciones sensacionalistas atraía el gusto de muchos jóvenes, debo decir que ella no mostró simpatía por los beligerantes ni tuvo filiación política, ni en izquierda y menos con los partidos Liberal y Conservador, de los que deploraba la mañas manipuladoras y las corruptelas turnadas desde el Frente Nacional. Una vez, a la salida de el monólogo que presentó Maria Tereza Vela como trabajo de grado en la ENAD, mientras nos tomábamos un tinto, le oí decir a Patricia Linares lo mismo que le dijo a Yamid Amad al día siguiente de su designación: “Toda mi formación y mi saber están para la defensa de los Derechos Humanos”.
En el momento en que tomamos cada cual el rumbo para consumar los respectivos destinos, era Mariate la que nos enteraba del quehacer de Patricia, así supe que se doctoró magíster en Administración Pública en la Universidad de Alcalá, que fue magistrada auxiliar de la Corte Constitucional de Colombia, Procuradora delegada para los Derechos Humanos, Consultora del Centro Nacional de Memoria Histórica, Asesora Jurídica de la Contraloría General de la República…
Ahora celebramos que sea la presidenta de la JEP porque podemos dar fe de su sensibilidad social, de su amor de patria y de su precoz, tal vez innata, probidad. Es tremenda su responsabilidad al frente del organismo de justicia encargado de satisfacer los derechos de las víctimas, de esclarecer los delitos y atrocidades inefables cometidos por guerrilleros, miembros de la Fuerza Pública, paramilitares y civiles durante más de cincuenta años de guerra. No solo por la complejidad de la misión sino porque son enemigos de la JEP individuos poderosos, instituciones, partidos políticos, entre otros que no les conviene que el país conozca la verdad.
Patricia ya ha demostrado su integridad como jurista, impávida ha impedido que algunos, hasta la Fiscalía se inmiscuyan de mala fe en los procesos que le corresponden a su jurisdicción. Con su directriz ya están laborando cientos de magistrados repartidos en los cinco órganos que componen la JEP, para emitir sentencias, amnistías e indultos aproximadamente a 3500 exguerrilleros y 1950 de la Fuerza Pública.
Seguramente, la doctora Mirtha Patricia Linares Prieto, no estará en la presidencia los quince años de la JEP pero en su tiempo demostrará a las víctimas, a la sociedad colombiana y al mundo, que una justicia restaurativa nos otorgará la verdad de nuestra historia horrenda, para la definitiva Reconciliación y que nunca más volvamos a repetir el tiempo del terror.