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No disimulo ni evito la risa viendo a los periodistas del establecimiento estupefactos, mejor decir aculillados, ante el sismo libertario en los olimpos noticiásticos del mundo. Son risibles los alegatos cantinflescos de las élites del periodismo, destronados de su curubito en el “Cuarto poder” por la impredecible profusión de comunicadores espontáneos e indómitos en las redes sociales. Si, ahora que se popularizó la informática portátil y cualquiera, con su teléfono de bolsillo, puede registrar acontecimientos como testigo, como reportero, como comunicador, como documentalista y lo que registra con su cámara puede servir de material probatorio válido para la justicia o para la memoria histórica, las certezas se escurren como el agua entre los dedos y todo puede ser creíble.
¡Me alegra! Que con tantos puntos de vista y todos con su propia certeza de una misma , se vive dichoso despelote en la Babel mediática, por lo cual, se rasgan las vestiduras los que poseían la hegemonía noticiosa, se despelucan los autonombrados pontífices de la veracidad periodística y hasta los semiólogos, renuentes a reconocer la caducidad de paradigmas de su ciencia, porfían en normatizar el pandemonio comunicacional.
Aquí en Colombia, en el Paro de 33 días a la fecha de esta columna, se ha hecho patético el cotejo entre la verdad oficial y la verdad de la gente : de un lado los medios de comunicación tradicionales, para desvirtuar la protesta, destacan en primera plana los disturbios, el vandalismo incendiario, empero al mismo tiempo vemos, en las pantallas de nuestros teléfonos, registros audiovisuales de las marchas multitudinarias y pacíficas, y de los infiltrados disfrazados de estudiantes atizando el terror con la anuencia de la fuerza pública que también dispara a la gente inerme …
Con Google, con las plataformas digitales (Pinterest, Twitter, LinkedIn, Tik Tok, WhatsApp, Instagram, YouTube, Facebook, llevamos en el bolsillo la enciclopedia Británica, el museo del prado, o un tertuliadero de rufianes, un burdel del jet set y hasta un antro licencioso, así mismo cunden en las redes los que parodian la noticia, los que la hacen ficticia, las burlas, los youtubers, los influenciadores, los eruditos y los charlatanes, muchas formas de reportaje y opinadores de toda ralea. ¿Entonces qué es lo cierto, qué es lo real?
Gratamente hoy por hoy es lo que cada cual quiera creer y por la razón que sea. Si, así de crudo. Ahora cada cual puede optar por una verdad o inventarla, ya sea porque está alienado por el sistema, o porque es subscriptor de tal gaceta, o porque es de izquierda o porque es de derecha, por sentirse diferente o por sentirse parte de algún grupo, o porque se lo ordena el pastor, o idiotizado por adicto a la virtualidad.
Obviamente, semejante zaperoco en el contexto de las manifestaciones de protesta en el Paro contra el mal gobierno del presidente Iván Duque, hace que se descompongan los Patricios del periodismo, en tanto que advierten que flaquea su hegemonía sobre la información pública, y peor cuando la reportería arbitraria denuncia en Twitter las medidas inconstitucionales del gobierno, los abusos de la Fuerza pública, videos que muestran a civiles disparando a insurgentes inermes, todo lo cual alerta a instancias internacionales y ponen en evidencia omisiones dolosas y tergiversaciones de los acontecimientos por parte de los noticieros oficialistas. Entonces, en NTN la directora Claudia Gurissati se apura a presentar los testimonios lastimeros del policía que recibió una pedrada y del comerciante damnificado por los bloqueos, sin pudor la monita Gurissati les sopla las respuestas a sus entrevistados, en BLU Radio Néstor Morales entrevista con capciosidad a un líder de la Minga indígena tan lúcido que pone en ridículo al malicioso entrevistador, en la revista Semana Vicky Dávila, con argumentos tendencioso, culpa al senador de la oposición Gustavo Petro de incitar y patrocinar la protesta violeta, por su parte Los Danieles invitan a su portal de opinión a un tal gurú del periodismo ético, que nos alerta sobre el peligrosísimo seudoperiodismo en las redes, nos intimida con la profusión de fake news y posverdades; todos heraldos al servicio del Statu Quo.
Sabemos que los gobiernos se procuran el control mediático y que las mayores empresas Big tech, Google, Apple, Facebook y Twitter influyen en los patrones de comportamiento y manipulan las percepciones de la sociedad utilizando los big data que obtiene vigilando online los hábitos y preferencias de sus millones de usuarios en el mundo. Sin embargo, el ingenio y el instintivo albedrío connaturales a la especie son impredestinables, así pues, no faltan los hackers, los insumisos capaces de burlar algoritmos y comer las frutas prohibidas del árbol de la ciencia del bien y del mal.
No faltarán los escandalizados e intimidados por expresiones libertinas en las redes sociales, me imagino a la tía Antonieta a dúo con el profe Holfman exigiendo la urbanidad de Carreño del siglo XXI que imponga los buenos modales en la comunicación digital, y los ultraconservadores redactando artículos censurantes en los códigos de policía y hasta los libre pensadores con rezagos puritanos proponiendo regulaciones a la dichosa recocha de versiones, nociones y recreaciones de lo verdadero y de lo falso.
¡A la porra! ¡Que viva el caos expresional!
¿Acaso los poderes religiosos, políticos, militares y económicos, desde siempre no han manipulado a su conveniencia la verdad y la moral y el deber ser?
Al pueblo egipcio se le convenció de que el poder de los faraones les venía de los dioses. Durante el oscurantismo impuesto por la iglesia católica se castigó a quien afirmara que la tierra era redonda o dudara de la virginidad de la madre de Cristo. Los mitos del Dorado y del País de Jagua fueron las fake news más difundidas durante la conquista de América. Más chévere la lectura radial que Orson Wells hizo de “La guerra de los mundos” con tal verosimilitud que muchos lo creyeron cierto y desde entonces se popularizó la creencia en marcianos verdes y con antenas. Ni hablar de la macabra propaganda Nazi y aquí en Colombia los periódicos nunca dijeron cuántos fueron los muertos en la matanza de las bananeras, ni investigó quién ordenó el asesinato de Gaitán.
De mi parte festejo la anarquía expresiva que está revolucionando paradigmas y axiomas filológicos. Celebro que gracias a las tecnologías de las comunicaciones están dando peras los olmos, Gerónimo Bosch observa desde su tumba que se vivifican las escenas y las criaturas que pintó en el Jardín de las delicias.
Celebremos el tiempo en que la verdad es una explosión de perdigones dónde cada esquirla contiene su propia certeza, no le temamos a qué la realidad este imitando al arte.
