El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La memoria de La Violencia

16 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.

PUBLICIDAD

La Violencia (con mayúscula) de los años 1950 es tal vez la mayor tragedia política y social que Colombia haya vivido en toda su historia. La población, en nombre de dos partidos políticos que carecían de diferencias claras en términos económicos sociales y políticos, se enfrentó en un conflicto sangriento que produjo más de 200.000 muertos entre 1946 y 1965. 

Las características de los crímenes cometidos hacen que este proceso sea difícil de integrar en la secuencia histórica de la vida nacional y se haya convertido en una especie de “agujero negro” que todo lo devora, sin relación con el pasado ni con el futuro. El Frente Nacional quiso tender un manto de “perdón y olvido”, pero sin mucho éxito. 

Los movimientos políticos buscan por lo general en el pasado modelos de identificación en los cuales basarse para proyectar sus luchas hacia el futuro. Pero el asunto es que la Violencia de los años 1950 no ofrece modelos identificatorios para nadie, ni razones para servir de referencia política: no hay fechas conmemorativas, no hay monumentos, no hay héroes. La “insensatez” de los enfrentamientos no enorgullece ni inspira a nadie. Por ello resulta tan sorprendente que el actual gobierno esté buscando, sin mucha reflexividad, una serie de referentes simbólicos para legitimarse, que retrotraen al país a la rememoración de aquella época aciaga: la figura y los valores de Laureano Gómez, personaje emblemático del momento; el vínculo entre política y religión; y el uso macabro de los cadáveres.

La Violencia años 1950 se convirtió en una “santa cruzada” contra quienes se consideraban enemigos de Dios, de la patria y de las buenas costumbres. El grito “¡Viva Cristo Rey, Viva Laureano Gómez!” era un compendio perfecto de la simbiosis entre religión y política. La referencia a Cristo como rey, como autoridad suprema por encima del Estado secular, nacido de una encíclica papal de 1924, había servido como grito de batalla para los campesinos católicos en la famosa “Cristiada” mexicana de 1926 y en la Guerra Civil española, de donde pasó directamente a convertirse en el grito de guerra de la “policía chulavita”, que recorría el país sembrando la muerte y el terror. 

En el libro Viento seco, del médico Daniel Caicedo –testimonio de las masacres de Ceilán y Barragán de octubre de 1949, donde fueron asesinadas más de 200 personas por el solo hecho de pertenecer al partido contrario–, encontramos crudas ilustraciones de la manera como se utilizaba la consigna de “¡Viva Cristo Rey!”, que no es del caso reproducir aquí, pero al cual remitimos al lector.

El intento de fundar la política en la religión se convirtió en el principal baluarte de la “batalla cultural”, que se quería impulsar a través de la violencia. Los crímenes atroces se convirtieron en un espectáculo. Las cabezas insertadas en estacas era la manera de intimidar a la población. En un pueblo de Antioquía llevaban a los niños a la plaza pública para que observaran los cadáveres de los enemigos, perfectamente organizados en filas. Los cuerpos eran desmembrados en pedazos para enviar mensajes de un lugar a otro.

No resultan, pues, muy claras las razones por las cuales el gobierno actual, desconociendo estos antecedentes de la vida colombiana, quiere regresar a las representaciones de esas épocas. Los símbolos no son neutrales. Y aunque del “dicho al hecho” hay una distancia, conllevan una carga de significado que puede favorecer su repetición. La Violencia de 1950 es la matriz histórica en la cual se inscribe la situación actual, pero la idea es superarla, no evocarla, utilizando irresponsablemente los mismos símbolos.

Por Alberto Valencia Gutiérrez

Profesor Titular en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle (Cali). Doctor en Sociología Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. albertovalencia2010@gmail.com
Conoce más
Ver todas las noticias
Leer más
Leer más