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Alberto Valencia Gutiérrez
08 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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El país ha sufrido drásticos cambios que marcan derroteros inéditos de los que no somos suficientemente conscientes. Hubo una época en la cual el espacio político estaba dominado por los partidos Liberal y Conservador, que representaban opciones de derecha y centro derecha. Desde los años 1960, hubo varios intentos de conformación de alternativas de izquierda a los partidos tradicionales que nunca lograron resultados electorales significativos o fueron exterminados como la Unión Patriótica. La existencia de grupos armados con orientación política obstaculizaba la conformación de un espacio para una “izquierda democrática”. Las alternativas eran, pues, ser liberal o conservador o, en el otro extremo, la lucha armada. Los que no estábamos con ninguna de las dos opciones vivíamos en un limbo político.

La gran novedad de la situación actual es que, consecuencia de un proceso que se viene dando desde los años 1990, el espacio político se define ahora entre derecha e izquierda, como nunca antes había ocurrido. La situación incluso va más allá de los caudillos políticos. La “extrema derecha” que ha llegado al poder es mucho más que el “uribismo tradicional”; y la izquierda existe “a pesar” de Petro. Muchos de los votantes de Iván Cepeda lo hicieron por un proyecto político de izquierda y no por el candidato. La pregunta que se plantea entonces es la siguiente: ¿este país está preparado para enfrentar esta nueva configuración del espacio político?

La primera condición para lograrlo sería que, más allá de las diferencias, existiera aquello que filósofos recientes de la política como John Rawls o Jürgen Habermas han llamado un “acuerdo básico como condición de la convivencia política”. No se trata de un consenso sobre contenidos específicos sino sobre procedimientos racionales de diálogo y de justicia, en cuyo marco puedan desplegarse las controversias. Y esto requiere un complejo aprendizaje que no podemos improvisar de un día para otro.

Los principales obstáculos para llegar a este acuerdo están en las “inercias históricas” que nos han legado décadas de enfrentamientos violentos (violencia bipartidista, guerrillas, paramilitares, delincuencia). Las heridas siguen abiertas y los odios “en carne viva”, ante la imposibilidad de llevar a cabo un “duelo histórico” del conflicto que venimos aplazando desde la Violencia de los años 1950, que produjo más de 200 mil muertos. Las formas de estigmatización del adversario, que hoy circulan profusamente, como confrontación entre un “nosotros” y un “ellos”, representantes del bien y el mal, delatan la supervivencia de ese “pasado traumático”. Creíamos que ya lo habíamos logrado superar, pero la campaña que acaba de terminar nos ha mostrado que aún estamos lejos y hay mucho camino por recorrer para tener un “nuevo país” incluyente.

La “agenda nacional” para poder cumplir con las exigencias del nuevo espacio político son múltiples y diversas de un lado y del otro: la izquierda, como Petro lo ha demostrado con creces, sabe agitar y hacer oposición, pero no sabe gobernar y en sustitución apela a hirsutos procedimientos populistas; la derecha cree que con base en la mano dura puede solucionar los problemas aplastando a los adversarios y sigue atrapada en el temor a “los de abajo” y a la amenaza de un comunismo que hace mucho tiempo dejó de existir. Los sectores dominantes de la economía no son conscientes de que la solución a los problemas sociales es la mejor alternativa que pueden encontrar para la buena marcha de sus negocios.

Los columnistas comprometidos con la democracia tenemos una labor pedagógica importante que cumplir en la construcción de este nuevo espacio político. Esperemos que “el futuro no sea tan irreversible como el pasado”, como decía Jorge Luis Borges.

Alberto Valencia Gutiérrez

Por Alberto Valencia Gutiérrez

Profesor Titular en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle (Cali). Doctor en Sociología Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.albertovalencia2010@gmail.com
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Edgar Vinasco Bernal(63418)09 de julio de 2026 - 03:40 p. m.
Será que sus amigos columnistas de EE se bajan del pedestal en qué creen estar y leen esta columna. Deberían dejar de lado su ideologizacion y mostrar a quienes los leemos el mejor camino para nuestro país mostrando pros y contras de las situaciones políticas en que vivimos.
SÓTERO(26571)09 de julio de 2026 - 02:54 p. m.
Pedagogía para formar cultura política...por ahí es la cosa.
Carlos Federico Uribe Aramburo(ar680)09 de julio de 2026 - 01:24 a. m.
Columnas como está es una de las formas de resistencia civil pacífica ante los abusos y falencias de los gobernantes de turno
Francisco(28018)08 de julio de 2026 - 11:40 p. m.
La izquierda que llegó por primera vez al poder hace cuatro años al inicio intento un acuerdo nacional: nombró más de la mitad de ministros de derecha, se reunió con el expresidente Uribe, con empresarios, consensuó reformas (tributaria, pensional, laboral). Pero, lo que recibió fue desprecio (acentuado por la campaña del próximo gobierno) por parte de la derecha tradicional, medios y grupos gremiales. La izquierda está mucho más preparada que la derecha a convivir civilizadamente con el otro.
  • Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)10 de julio de 2026 - 12:25 a. m.
    Estás en lo correcto
Jaime Parra(63363)08 de julio de 2026 - 11:11 p. m.
Que desactualizado estás columnista. La situación actual de Colombia es el reflejo del momento histórico que vive el universo. Y lo más posible es que mientras unos le ladramos a la luna pidiendo un diálogo nacional, los otros están ansioso de tomar el poder para practicar las más oscuras reprimendas a todo aquel que no piense como aquel; y todo bajo la mampara de unas normas hechas a la medida del bufón de turno, y que haga ver que todo está bajo las reglas legales establecidas. Ya veremos la h
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