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La teatrocracia

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Alberto Valencia Gutiérrez
05 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
“¿Cuál mensaje se pretende comunicar al país y cuál es la significación política que se quiere dar a los militares?”: Alberto Valencia
“¿Cuál mensaje se pretende comunicar al país y cuál es la significación política que se quiere dar a los militares?”: Alberto Valencia
Foto: EFE - STR
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Georges Balandier, antropólogo francés, ha puesto de presente en un libro ya clásico llamado El poder en escenas que la política es un teatro, un escenario, una dramaturgia, en la cual diversos actores desempeñan papeles con base en libretos preestablecidos. El poder no se sostiene sólo por la fuerza bruta o la justificación racional, sino por “la producción de imágenes, la manipulación de símbolos y, sobre todo, por su organización en un cuadro ceremonial”. Si el hombre público quiere conquistar o conservar un poder tiene que comportarse como un actor que juega en un escenario a producir efectos y a crear ilusiones, apariencias más que realidades. El ritual está organizado no para que el público piense sino para que sienta y asuma una identificación emocional, empática y primaria con quien pretende representarlo.

El poder, además, consagra sus lugares de ejercicio que se convierten en espacios sagrados porque, al representar una herencia histórica, otorgan legitimidad al gobernante para que despliegue su dominio: la Plaza Roja en Moscú, la Place de Grève o el Castillo de Versalles en París, el Zócalo en México, el Capitolio en Washington, la Plaza de Bolívar en Bogotá, entre otros ejemplos. Los medios de comunicación y la propaganda refuerzan el hecho de que la política es ante todo un espectáculo y un “teatro de la ilusión”, con sus propias formas retóricas de argumentación.

Este introito nos permite entender lo que fue la campaña política del candidato ganador en las elecciones pasadas, caracterizada por su capacidad de movilizar símbolos de toda índole (zoológicos, religiosos, deportivos, militares) en detrimento de la controversia racional y del debate. La propuesta misma de posesionarse por fuera de Bogotá, en una guarnición militar, que se transó (afortunadamente) por un auditorio universitario, representa un esfuerzo por trastocar los símbolos tradicionales de la política en Colombia y los lugares tradicionales en que se ejerce.

Y la pregunta entonces es ¿cuál es el mensaje que se le pretende comunicar al país y cuál es la significación política que se le quiere otorgar a los militares? El Artículo 117 de la Constitución otorga a la Fuerza Pública la finalidad de defender la soberanía y mantener el orden interno, pero en ningún momento la de ser fuente de legitimidad para el ejercicio del poder, que se encuentra en el pueblo representado por el Congreso.

Esta pretensión sólo tiene un antecedente en Colombia en la “dictadura” de Gustavo Rojas Pinilla, que quiso instaurar el binomio Pueblo-Fuerzas Armadas en el centro de la representación política por encima de los partidos. Los días 12 y 13 de junio de 1956, bajo la divisa “Dios y patria”, se llevó a cabo, a la usanza del fascismo italiano, un acto multitudinario en el estadio El Campín en el que las Fuerzas Armadas y el pueblo, tomando como insignia un fusil y una pala entrecruzados, hicieron un juramento de fidelidad y se presentaron como alternativa de legitimidad del gobierno militar frente a un sistema político dominado por los partidos tradicionales (Valencia, La invención de la desmemoria, p. 146-147).

El proyecto finalmente terminó en fracaso. El 9 de mayo de 1958, Alberto Lleras en discurso en el Teatro Patria, definió claramente los límites entre los civiles y los militares. El juicio que se llevó a cabo contra Rojas Pinilla en 1959 tenía la intención de demostrar que los militares no podían tener vocación de poder. Y, de hecho, Colombia siempre ha sido un país civilista. Sin embargo, los viejos símbolos de los años 1950 regresan ahora, en momentos de crisis, con la posesión del nuevo presidente. La historia apenas comienza...

Alberto Valencia Gutiérrez

Por Alberto Valencia Gutiérrez

Profesor Titular en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Valle (Cali). Doctor en Sociología Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.albertovalencia2010@gmail.com
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