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Salí del cine después de ver la película Air, dirigida por Ben Affleck, con una pregunta en mente: ¿qué hace que una visión se vuelva realidad, qué hay detrás de un éxito extraordinario? La historia de cómo nació el logo “Air” de Nike, que se narra en la película, es verdaderamente inspiradora. En los años 80, Sonny Vaccaro, un ejecutivo de Nike interpretado por Matt Damon, soñaba con fichar a Michael Jordan, un joven atleta emergente en ese entonces. Sin embargo, nadie en la organización creía que fuera posible. Competidores como Converse y Adidas tenían más presupuesto y parecían tener más posibilidades de ficharlo. La estrategia de Nike era ser cautelosos y no arriesgarse, distribuyendo el presupuesto entre varios atletas de menor renombre. Pero Vaccaro tenía una estrategia audaz y contraria: invertir todo el presupuesto en Michael Jordan.
Sus colegas, incluso el legendario gerente de Nike Phil Knight, se mostraban escépticos y le hacían resistencia, considerando la movida demasiado arriesgada. Simplemente no creían que lo imposible pudiera suceder. Sin embargo, Sonny Vaccaro estaba convencido de que su intuición sería ganadora, no solo para Nike sino también para Michael Jordan. Estaba obsesionado con la idea. Cuando el agente del atleta se negó a organizar un encuentro para que Nike pudiera presentar una propuesta, Vaccaro fue a visitar a los padres de Michael Jordan, rompiendo así las reglas del comportamiento profesional. Pero su convicción era tan sólida que estaba dispuesto a arriesgar su carrera, creyendo en el talento del joven Jordan y en su intuición. El atrevimiento de Vaccaro dio sus frutos. Finalmente, Nike logró fichar a Michael Jordan y así nació la línea “Air” dentro de la icónica marca deportiva. Fue un éxito extraordinario. En 1985, cuando los tenis “Air” salieron al mercado, Nike había pronosticado ventas por US$3 millones, pero facturó US$130 millones. En 2022, Nike generó US$3 millones en ventas por Jordan cada cinco horas. Pero lo más importante es que Michael Jordan contribuyó a hacer icónica la marca Nike y viceversa.
Estos resultados extraordinarios no hubieran sido posibles sin la visión, la terquedad y el atrevimiento de Sonny Vaccaro. Es decir, sin su tenacidad para romper reglas, contradecir a sus superiores y desafiar el pensamiento convencional. Lo logró porque se negó a tomar “buenas decisiones” y, en cambio, tomó la decisión que todos consideraban mala. Escuchó su propia voz en lugar de escuchar a los demás. Consideró que el pensamiento convencional era peligroso y perjudicial para lograr su éxito. No se conformó y eligió ser obstinado con su visión. Como escribió la leyenda de la publicidad británica Paul Arden, “es mejor arrepentirse de lo que has hecho que de lo que no has hecho”. Entonces, ¿qué tal si empezamos a tomar más decisiones desafiantes?
