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1 Nov 2022 - 5:30 a. m.

Brunch dominical

Después de la pandemia, Miami se ha transformado. Se ha vuelto una ciudad más frenética, costosa, pretenciosa. Me parece que está mutando su ADN rápidamente. Desde hace algunos años ya no es la colonia de los cubanos exiliados. Pero también ha dejado de ser simplemente la capital de Latinoamérica. En estos días percibí a Miami como una ciudad más de los Estados Unidos. Es decir, más anglosajona que latina. También la sentí como una ciudad menos radicada en el pasado y más proyectada hacia el futuro. Allí pululan comunidades de venture capitalists, fundadores de start-ups, compañías de blockchain y criptomonedas. Por las vías de Brickell zumban los Lamborghini y los Ferrari; más que antes, me dio la impresión.

Con el pasar de los días, ha crecido en mí el deseo de escaparme de estos ritmos acelerados de Miami. Esperé el domingo con deseo y no simplemente porque es la oportunidad de ir a la playa, sino porque hay un hábito al cual no renuncio cuando estoy en Miami: el brunch dominical donde Cecconi’s, el restaurante italiano anexo a SoHo House, el exclusivo hotel boutique y club social. Es un buffet que se extiende por cinco largas mesas de madera maciza, en un ambiente art déco que le da un toque bohemio a la experiencia. Las bandejas con platos tentadores están iluminadas por un imponente candelabro. A su alrededor las personas se mueven lentamente, como si fueran a recibir la comunión dominical. Las miradas están perdidas en la contemplación de la ensalada de mar, el ceviche de atún, el arroz servido en una gigantesca forma de queso parmesano, las lasañas y el imperdible tiramisú. Cada propuesta gastronómica es preparada con cuidado por el chef Sergio Sigala, quien trabajó en reconocidos restaurantes en Italia, fue jefe de cocina italiana en el Sheraton Bahrain Hotel y en Miami abrió hace años el restaurante Casa Tua.

En realidad, el brunch dominical es un momento hedonista sublime. Su origen histórico es incierto. Algunos piensan que tiene raíz en los desayunos de caza de Inglaterra: lujosas comidas consumidas antes de ir a cazar. Otros proponen que deriva de la práctica de los católicos de ayunar antes de la misa y luego sentarse para una gran comida al mediodía. Otros creen que empezó en Nueva York donde se servían platos que hoy son clásicos como los huevos benedictinos, panecillos y salmón ahumado. La tradición del brunch dominical, costumbre solo de las élites un tiempo, se ha ido popularizando y hoy se ha vuelto una tradición que ha superado los límites del mundo anglosajón.

“El brunch es alegre, sociable e incitador”, escribió el autor británico Guy Beringer, quien acuñó la palabra brunch, una combinación de breakfast y lunch, desayuno y almuerzo, dos por uno. El brunch facilita la conversación: “Te pone de buen humor, te hace sentir satisfecho contigo mismo y con los demás, barre las preocupaciones y las telarañas de la semana”, según Beringer. Sí, el brunch es un delicioso escape, que nos sana del frenesí semanal.

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