Cada vez que viajo a Roma, suelo madrugar y caminar hacia la Plaza de España, cuando todavía el enjambre de turistas está descansando. Subo los imponentes escalones que conducen a la iglesia de Trinità dei Monti, me doy la vuelta, me siento en la fría piedra travertina y dejo que mi mirada admire la vista encantadora de la Ciudad Eterna. La contemplación de la vida que está afuera de mí, acariciada por los suaves colores del amanecer romano, inevitablemente termina abriendo el paso a mi vida interior. Preguntas se presentan en mi mente. ¿Cómo seríamos distintos (y hasta mejores) si nos dedicáramos a descubrir la belleza en lo que el mundo nos presenta como feo?
Esta pregunta surgió recientemente durante la seductora y espectacular pasarela de alta costura otoño-invierno 2022-2023 de Valentino, a pesar de que yo estaba a casi 10.000 kilómetros de distancia de la Plaza de España. Fue una sucesión de emociones, colores, tejidos y líneas que generaron asombro. Como la prenda que abrió el desfile, un blusón de grandes rosas de tafetán tridimensional rojo Valentino, sobre un minimono de tul negro bordado con lentejuelas rojas; un homenaje al famoso vestido Fiesta que Garavani realizó para su primera colección en 1959.
La propuesta del director creativo Pierpaolo Piccioli fue una meditación sobre una belleza ecléctica, que vuelve central lo que un tiempo fue periférico, y protagónico lo que ayer ni siquiera era un extra. Es una belleza que es libertad sin la obligación de seguir reglas preestablecidas. Por el contrario, se trata de sostener una visión periférica que nos permite incluir y apreciar lo que está en los márgenes. “Una visión radical va en contra de todas las idioteces antidemocráticas que el mundo nos está lanzando”, dijo Piccioli a los periodistas, el día antes del desfile. “Ser asertivo al crear belleza no es escapismo, sino la única forma de combatir al conservadurismo. Y dar un escenario a personas que para mí son consideradas periféricas es un deber”. En la visión de Piccioli, la moda puede ser también una declaración política.
Así siento una sacudida de alegría cuando veo desfilar en un romántico vestido de gasa amarillo limón neón y con volantes de organza al modelo Timothée, un skater delgado, con el cabello largo y rosado. Desfila junto a jóvenes de todas las etnias y a modelos no convencionales, es decir, ni muy jóvenes ni muy delgadas, a menudo planteando una noción de género no binaria. Al proponer esta estética ecléctica, Pierpaolo Piccioli quiso plantear un diálogo innovador con la tradición de Valentino, para celebrar un presente que se abre al futuro que quiere emerger. Se trata de un nuevo humanismo y de un nuevo comienzo. De hecho, The Beginning (El comienzo) fue como el director creativo de Valentino quiso nombrar su colección y así celebrar también el deseo de un futuro más libre, humano y bello.