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Concesiones

Aldo Civico

02 de octubre de 2023 - 09:05 p. m.

En 2010, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), tuve el privilegio de ver la recreación de la obra Imponderabilia de Marina Abramovic: una pareja de artistas, ambos completamente desnudos, se encuentran en una puerta. El público debe apretarse entre los artistas para poder pasar y, al hacerlo, elegir a cuál de ellos enfrentar. En Bolonia (Italia) en 1977, los cuerpos de la misma Abramovic y de su compañero Ulay formaron la entrada a la Galleria Comunale d’Arte Moderna, por la que los visitantes tenían que pasar entre sus cuerpos desnudos si deseaban acceder al museo.

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La recreación del 2010 en el MOMA de Nueva York no obligaba a pasar entre los dos artistas desnudos; había una opción alternativa para acceder a la exhibición. Me quedé varios minutos observando y ponderando si pasar entre los dos cuerpos desnudos o no. Finalmente decidí no hacerlo. Fue muy fuerte la sensación de invadir un espacio íntimo y personal. También la mirada de los otros visitantes me inquietaba y me volví consciente de cómo el juicio de los demás influenció en aquel momento mi propia ponderación y decisión. Aquel performance artístico puso al desnudo mis pensamientos, creencias y emociones; fue una experiencia perturbadora.

Pensé nuevamente en aquel momento leyendo que Abramovic quiso recrear Imponderabilia en la entrada de la Real Academia de las Artes en Londres. No le fue posible repetir las condiciones de Bolonia de los años 70; tuvo que aceptar la obligación impuesta por el museo de crear una entrada alternativa, con el fin de garantizar que los visitantes no se sintieran obligados a meterse entre los dos cuerpos desnudos. En una entrevista a The New York Times, Abramovic dijo que los artistas no deben “vivir en la prisión de sus propias promesas” y negarse a cambiar con los tiempos. Al hacer concesiones, una nueva generación fue testigo de su arte, afirmó. Si se hubiera quejado de la nueva entrada de Imponderabilia, la actuación únicamente existiría como “una estúpida foto gris en un libro” que nadie vería jamás. “Realmente, lo más inteligente es llegar a un acuerdo”, afirmó.

En su decisión y voluntad de hacer concesiones, considero que Abramovic nos ofrece una lección adicional importante. De hecho, hoy vivimos en un mundo polarizado, donde con obstinación nos paralizamos en posiciones de “todo o nada”, “mi manera o nada”. Nos fijamos en posiciones radicales donde nos negamos la posibilidad de hacer concesiones entendiendo e incorporando de esta manera las necesidades y los intereses del otro. Confundimos esta intransigencia con una posición de fuerza; en realidad, con el tiempo, lastimamos nuestros propios intereses. ¿Puede una sociedad buscar el progreso negándose a acuerdos?, ¿cómo recuperar el sentido de hacer concesiones?, ¿cómo dejar de sabotearnos, recordando que lo más inteligente es llegar a un acuerdo, como nos dice Abramovic?

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