Publicidad

Deshumanización colectiva

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Aldo Civico
16 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
“Las campañas electorales parecen desencadenar una forma de barbarización colectiva”: Aldo Civico.
“Las campañas electorales parecen desencadenar una forma de barbarización colectiva”: Aldo Civico.
Foto: El Espectador
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Las campañas electorales parecen desencadenar una forma de barbarización colectiva. Las emociones más primarias toman el control. Nos gobiernan el miedo, la histeria y la paranoia. El desprecio, el odio y el resentimiento se apoderan del alma colectiva. El engaño, la mentira y la manipulación se convierten en hábitos. Perdemos la lucidez. Es como si experimentáramos una regresión contagiosa.

El premio nobel de Literatura, William Golding, parece haber descrito este fenómeno en su novela El señor de las moscas. La historia narra cómo un grupo de niños queda aislado en una isla desierta. Al principio intentan organizarse racionalmente, pero, con el paso del tiempo, emergen el miedo, la violencia, el tribalismo y la necesidad de encontrar enemigos. La tesis de Golding es inquietante: la barbarie no viene de afuera; habita latente en nosotros. Eso es precisamente lo que ocurre cuando renunciamos a la empatía, a la solidaridad y a la racionalidad. Cuando olvidamos que son nuestra capacidad de conexión, compasión y amor las que nos hacen verdaderamente humanos. Al negar aquello que ennoblece nuestra humanidad, no solo deshumanizamos al otro: también nos deshumanizamos a nosotros mismos.

En lugar de construir y fortalecer la communitas, la vaciamos. En lugar de reconocernos como piezas de un mismo rompecabezas, fragmentos incompletos que sólo encuentran sentido al unirse para revelar una imagen mayor, quedamos dispersos. Cada uno encerrado en sí mismo, desvinculado de los demás, incapaz de habitar un mundo compartido. Simplemente, sin sentido. El resultado es la pérdida de una narrativa común, de una comunidad política compartida. Lo que queda es una multitud de tribus enfurecidas, cada una convencida de su propia superioridad moral y de la inferioridad de las demás.

Esta regresión colectiva constituye una amenaza real para la libertad, la democracia y el futuro de una nación. Hannah Arendt, quien observó cómo la sociedad alemana se precipitaba hacia el abismo del nazismo, advirtió que las masas atomizadas, resentidas y ansiosas se vuelven especialmente vulnerables a la propaganda, la mentira y la manipulación. Para Arendt, la propaganda no era la causa de la atomización social, sino una de sus consecuencias. Surgía allí donde había desaparecido un mundo de significados compartidos.

Cuando se desvanece la esfera pública, ese espacio donde los ciudadanos deliberan, dialogan y piensan juntos, quedan individuos aislados, secuestrados por el miedo y la histeria, y por ello mucho más fáciles de manipular. Temo que eso sea precisamente lo más inquietante y dañino que está ocurriendo en estas elecciones presidenciales. Colombia en realidad no necesita más fragmentación ni nuevas rupturas. Si quiere tener futuro, necesita recomposición, reconciliación política y reconstrucción del tejido social. Después del 21 de junio necesitaremos líderes, organizaciones y comunidades dispuestos a asumir esa tarea. Necesitaremos, rehumanizarnos.

Conoce más

 

leunamuno(9808)Hace 23 minutos
No, el problema es el afán de sobrevivir en un mundo de absurda competencia que, el mercado como columna vertebral de este fascismo solapado y cobarde impone. Si somos fruto del saber y la civilización ¿Por qué la democracia terminó siendo el camino y plataforma para la desvelación del fascismo que la misma democracia tenía arropado? No le busquemos tres patas al tigre cuando estamos convencidos que tiene cuatro. Háblennos con franqueza señores académicos y eviten el desastre.
MARIA ESCORCIA(2246)Hace 24 minutos
Por esa actitud divisa y de odio, es que ninguna de las 2 opciones las encuentro democráticas, en lugar de recomponer la sociedad colombiana continúan el odio entre colombianos. Ninguno es capaz de reconocer al otro como válido, con respeto, así piense distinto. Y Petro que le votaron porque resultaba más institucional olvidó que por ellos, por los que no lo tenían como 1a opción ganó y se dedicó a tratarlos de fascistas, nazis, codiciosos, justo lo más parecido a esos epítetos.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 27 minutos
Aunque acierta en algunos tópicos, Aldo, pasa por alto algo esencial y nada desdeñable. Tanto William Golding, como Hannah Arendt tenían y tienen razón, no obstante, repito, pasa por alto la intervención importante por no decir decisiva de los medios de comunicación. Algunos diarios (pasquines), revistas y emisoras, canales de TV asaz conocidos, han tomado partido en forma descarada y lo que es peor, muchas veces faltando a la verdad en aras de “orientar” al desprevenido ciudadano. ¡Plop!
Manuel jose Cañas B.(f4n5o)Hace 57 minutos
En la obra el señor de las moscas, el grupo de los racionales parece perder la batalla con irracionales, que se pintan y toman actitudes agresivas, son violentos, cualquier parecido con la realidad se queda sin igual . Buena esa comparación que hace Aldo Cívico.
Manuel jose Cañas B.(f4n5o)Hace 1 hora
Excelente columna, nos estamos deshumanizado, no valoramos que el otro es un interlocutor válido, el otro es válido en la manera que lo utilizo, cómo instrumentalización para el poder, que no critique ni reflexone, que siga mis pareceres como un borrego y hay un aspecto importante que lo manipule, para las personas esto es muy dañino, vamos al abismo, nuestras decisiones deben estar en el centro, la persona, cuál de los candidatos encarnan esto,?
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.