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El idilio entre Estados Unidos y Venezuela

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Aldo Civico
01 de septiembre de 2026 - 05:05 a. m.
“María Corina Machado debería mostrarse independiente de Washington y recuperar su autonomía política”: Aldo Civico.
“María Corina Machado debería mostrarse independiente de Washington y recuperar su autonomía política”: Aldo Civico.
Foto: EFE - White House / Daniel Torok / EFE
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Muchos se sorprendieron frente al acuerdo con Venezuela que Estados Unidos anunció la semana pasada. El pacto otorga a empresas privadas el control mayoritario y la operación de 17 campos estratégicos en Venezuela, asegurando a Estados Unidos el acceso a 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo. En realidad, todo era ya evidente el pasado 3 de enero, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

A pocas horas de la espectacular captura de Nicolás Maduro, el presidente Trump reveló cuáles eran las reales intenciones de Estados Unidos. Dijo que iban por el petróleo. Alabó a Delcy Rodríguez y desestimó a María Corina Machado. Además, en estos meses hizo declaraciones que a muchos les parecieron bizarras y que, en realidad, son coherentes con su visión del mundo. El 12 de mayo llegó a decir que consideraba seriamente convertir a Venezuela en el estado número 51 de Estados Unidos. Lo repitió recientemente. Quizás no haya que tomar literalmente la fantasía de una anexión territorial, pero hoy Washington tiene una posición de control mayoritario sobre una porción gigantesca y estratégica de las reservas petroleras venezolanas. Tiene, además, en Caracas un gobierno fiel y obediente como un perrito domesticado.

Lo demás han sido tácticas para ganar tiempo y mantener en una suerte de trance a la oposición y a quienes justamente reclaman la necesidad urgente de elecciones libres para instaurar un gobierno legítimo y democrático. La recepción de María Corina Machado en la Casa Blanca, el almuerzo privado con Trump, el acceso directo al presidente y las reiteradas promesas de elecciones se parecen hoy cada vez más a un señuelo para mantener a raya a la oposición mientras Washington consolidaba su relación con Delcy Rodríguez. No sabemos si ese fue el plan desde el comienzo. Lo que sí sabemos es el resultado: desde enero, Washington ha ido cocinando políticamente a Machado a fuego lento, mientras fortalecía y legitimaba a quien supuestamente debía ser apenas una figura provisional. Machado, además, puede haber contribuido a su propio debilitamiento. Su actitud excesivamente benévola y prudente hacia Trump terminó atándola demasiado estrechamente a un aliado cuyos intereses nunca fueron necesariamente los mismos que los suyos. Como Ícaro, voló demasiado cerca del sol.

Hasta hoy, y con la bendición de Washington, Venezuela solo ha tenido un cambio de liderazgo, pero no de régimen. María Corina Machado debería mostrarse independiente de Washington y recuperar su autonomía política, porque Estados Unidos puede ser un aliado, pero nunca el dueño de la causa democrática venezolana. Su principal fuente de legitimidad no está en la Casa Blanca, sino en los venezolanos que votaron por el cambio y siguen esperando poder decidir libremente su futuro.

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