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El peligro de una campaña sin debate

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Aldo Civico
19 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
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Hay un síntoma silencioso en esta campaña presidencial que revela más sobre Colombia que cualquier encuesta. Me refiero a la coreografía con la que los candidatos evitan, condicionan o aceptan los espacios de debate. Uno se niega bajo el argumento de que el debate se ha contaminado con la “cultura del espectáculo”. Otro condiciona su participación a debatir solo con quienes considera su verdadera competencia. Un tercero anuncia que no asistirá si el primero no asiste. La ciudadanía asiste, mientras tanto, a una negociación previa al diálogo que nunca llega.

El síntoma revela un equívoco profundo: hemos confundido la polémica con la deliberación. Y son dos órdenes del lenguaje distintos, casi opuestos. Habermas sostuvo que la legitimidad democrática no proviene del voto, sino de los procesos comunicativos que lo preceden. La democracia no se mide por la cantidad de opiniones que circulan, sino por la disposición de cada hablante a someter sus pretensiones al examen de los otros, a dejarse persuadir, a transformar la propia posición en el acto de escuchar. A esa estructura la llamó acción comunicativa, y la distinguió de la acción estratégica, donde el otro no es interlocutor, sino obstáculo a vencer.

La política colombiana de esta hora opera casi exclusivamente en el segundo registro. El debate no se evita por desinterés; se evita porque el cálculo electoral juzga que exponerse tiene un costo que no compensa. La pregunta del candidato no es “¿cómo confronto mis ideas?”, sino “¿qué gano al aparecer?”. El cálculo desplaza al pensamiento. Byung-Chul Han diría que ya no habitamos una sociedad del diálogo, sino una sociedad de la información. El diálogo exige lentitud, demora, riesgo de cambiar de opinión. La información, en cambio, fluye sin fricción, no obliga a habitarla. El candidato no debate, simplemente emite. Y emite calculando el rebote, no la verdad. Hay aquí algo más grave que una falla de campaña. Hay una pedagogía silenciosa hacia el país. Cada vez que una figura pública rehúye la confrontación argumentativa, le enseña a la ciudadanía que el otro distinto es prescindible. Esa pedagogía se filtra en conversaciones familiares evitadas, en grupos silenciados, en amistades que se enfrían.

Los griegos tenían una palabra para nombrar lo que falta: parresía. Decir la verdad sabiendo que cuesta. Foucault la rescató para mostrar que la democracia no se sostiene solo con instituciones, sino con sujetos —especialmente gobernantes— dispuestos a exponerse. Sin parresía queda la administración del riesgo. Y esa administración produce candidatos sin centro, que se mueven mejor en la sombra del cálculo que en la luz incómoda del examen. Quedan dos semanas para la primera vuelta. El país no necesita más declaraciones; más bien, necesita escenas en las que las propuestas se rocen, se contradigan y se corrijan en público. La pregunta no es solo cuál candidato preferimos, sino qué tipo de palabra pública queremos volver a habitar como país.

Conoce más

 

Manuel Fernando Lara Bustamante(vtib9)28 de mayo de 2026 - 03:13 p. m.
Yo no soy partidario de Ivan Cepeda pero haciendo de abogado del diablo, digamos que lo entiendo un poco, a mi me molestaría bastante tener que someterme a un maltrato verbal del impresentable de De La Espriella que basa sus argumentos en la vulgaridad y bien lo dijo Mark Twain "Nunca discutas con un idiota, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia".
Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)19 de mayo de 2026 - 09:41 p. m.
Cepeda argumentará lo hará en el momento debido. El debate es preciso en momentos oportunos. Cepeda es un candidato de espacio público, bien formado, no teme a la plaza. Del otro lado estarán Claudia o Fajardo que tienen ideas pero tienen alma de fascistas. El cambio es ahora. Está bien que por ahora Cepeda cuide su alma, hay poco con quién discutir
María Victoria Rivera(57404)19 de mayo de 2026 - 05:57 p. m.
De acuerdo. Yo, si estuviera en el CENTRO del abanico, aceptaría debatir en cualquier espacio y momento. Aun les queda esa posibilidad a Fajardo y a Claudia.
Gabriel Aguirre(91153)19 de mayo de 2026 - 05:08 p. m.
En desacuerdo. Desafortudadamente, los debates fueron convertidos por por aquellos que convocan al debate, en un espectaculo, donde las emociones son las que determinan el resultado y no la razon ni los argumentos. Entonces, No son necesarios los debates ni enriquecen en proceso electoral. Si alguien no ha decidido por quien votar, simplemete debe mirar la hoja de vida de cada candidato y su programa y propuestas de gobierno.
Luis Carlos Cortés(m2w9y)19 de mayo de 2026 - 05:01 p. m.
Sr. Civico el debate puede, ampliamente, favorecer a un aspirante que tenga habilidad para el manejo de las cámaras así sus planteamientos sean mínimos en contenido; a cambio sería preferible un único cuestionario que todos los aspirantes tuvieran obligación de responder el mismo día y se abriera simultáneamente al público
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