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El regreso de María Corina Machado

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Aldo Civico
08 de septiembre de 2026 - 05:05 a. m.
“Poco a poco se está construyendo una nueva normalidad venezolana sin ella. Por eso [María Corina] Machado tiene que regresar”: Aldo Civico.
“Poco a poco se está construyendo una nueva normalidad venezolana sin ella. Por eso [María Corina] Machado tiene que regresar”: Aldo Civico.
Foto: EFE - Henry Chirinos
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En el momento en que escribo estas líneas, todo parece indicar que María Corina Machado está preparando su regreso a Venezuela. Ha dicho varias veces que volverá “muy pronto”. Esta vez, sin embargo, el regreso parece más cercano. Y es urgente que ocurra. De hecho, el tiempo empieza a jugar en su contra. Mientras Machado permanece fuera del país, Delcy Rodríguez gobierna, firma acuerdos, recibe funcionarios estadounidenses, negocia con empresas internacionales y consolida su relación con Washington. Más preocupante todavía es que está avanzando un proceso de negociación entre el chavismo y sectores de la oposición, auspiciado por Estados Unidos, del cual Machado está excluida. Poco a poco se está construyendo una nueva normalidad venezolana sin ella. Por eso Machado tiene que regresar.

Pero regresar no basta. Una vez en Venezuela, debería dejar de limitarse a ser líder de la oposición y comenzar a actuar como líder nacional. Tendría que buscar a quienes piensan distinto. Tendría que recorrer nuevamente el país, escuchar, reconstruir alianzas y convertir la demanda de elecciones en una pregunta sencilla que Delcy Rodríguez y Washington tengan dificultades para esquivar: ¿cuándo votamos? Además, el regreso representa para Machado una oportunidad de recuperar algo que ha comprometido peligrosamente durante estos meses, es decir, su autonomía frente a Washington. Estados Unidos puede ser un aliado fundamental de la democracia venezolana, pero no su tutor. Los intereses de Washington y los de los venezolanos pueden coincidir, pero no necesariamente son los mismos.

Fuentes periodísticas afirman que la Casa Blanca quiere que Machado pase por Washington antes de regresar a Venezuela. Todavía no hay confirmación oficial ni fecha para ese encuentro. Si Trump se lo pide, creo que debería aceptarlo. Sería absurdo romper innecesariamente con el actor internacional que hoy tiene la mayor capacidad para influir sobre Venezuela. Pero tendría que ser una reunión diferente. Porque Machado ya invirtió demasiado capital político en cultivar a Trump. Una nueva fotografía en la Casa Blanca, marcada por elogios desmesurados, agradecimientos y gestos de subordinación, reforzaría precisamente aquello que ahora necesita dejar atrás.

La Machado también debería decirle algo incómodo a la administración de Washington y es que ningún acuerdo económico, por extraordinario que sea, puede sustituir la legitimidad democrática. Trump y Delcy coinciden ahora en que Venezuela todavía no está preparada para las elecciones. Machado debería preguntarles: ¿quién decide cuándo un pueblo está preparado para votar? Regresar puede ser el acto político más importante de su carrera, pero solo si entiende que no puede volver a ser la misma María Corina que salió. Tiene que regresar más independiente de Washington, más abierta hacia quienes no pertenecen a su sector y con una causa que trascienda su propia llegada al poder. No debería regresar para que le entreguen el poder, sino para que a los venezolanos les devuelvan el poder de elegir.

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