5 Jul 2022 - 5:30 a. m.

Intimidad

Veo a Mike sentado detrás de una pequeña mesa, en un rincón remoto y oscuro del restaurante, de espaldas a la pared, envuelto en una sobredimensionada chaqueta de cuero. No se da cuenta de mi presencia. Su mirada oriental está absorta en la pantalla del celular de la que emana una luz fría que acentúa las arrugas de su rostro. Mi amigo me parece envejecido, cansado, hasta perdido. Lo saludo mientras aparto la silla de la mesa para sentarme frente a él. Mike no se levanta para darme un abrazo, como suele hacer; lentamente eleva la mirada y me sonríe. Más tarde, cuando la botella de vino y los platos están vacíos, me revela por qué pidió verme. Afuera, mientras tanto, ha comenzado una tormenta.

Mike, quien es filipino, me cuenta que hace unos meses conoció online a una chica de Taiwán. Después de algunas conversaciones, cedió a la invitación de enviarle fotos y videos explícitos a su WhatsApp. Ahora esas imágenes están colgadas en un sitio web porno y la chica se ha desvanecido. “Siento vergüenza e ira profunda”, me dice mientras presiona el índice derecho contra el esternón, como para indicar el punto donde más le duele.

Síguenos en Google Noticias