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La agonía del amor

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Aldo Civico
10 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.
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¿Está el amor destinado a extinguirse? El filósofo Byung-Chul Han sostiene que el Eros, al menos, se encuentra en agonía. Está siendo asediado por un individualismo extremo y un narcisismo aplastante que reducen cualquier relación a meros intereses, a consumo, a rendimiento, a posesión. He encontrado un eco de esta visión en una conversación con Vincenzo, un joven artista emergente de Perú, quien saltó a la fama hace unos años al participar en La Voz Kids. En aquella ocasión, Vincenzo no destacó únicamente por su interpretación madura —considerando que solo tenía 15 años— de la canción Sway de Dean Martin; fue su timbre masculino y profundo el que reveló su esencia adulta y sabia. Hoy, esta madurez se manifiesta aún más en su reciente canción, Cuando lo vuelvas a ver.

Las letras de esta canción no solo reflejan el dolor de un amor no correspondido, sino que van más allá. Desnudan el sufrimiento de quien no es elegido, de quien optó por vivir un amor genuino, sin máscaras ni ficciones, pero que no es correspondido ni comprendido. La canción no transmite tanto la necesidad de llenar un vacío ni de compensar una carencia, sino la esperanza de experimentar la plenitud del amor. “Pero es sumamente hiriente lo valiente que juegas a ser cuando bailas en mi mente y regresas a tu papel”, canta Vincenzo, añorando autenticidad y honestidad. Es una nostalgia de la imposibilidad de experimentar la otredad y un anhelo de recuperar la conexión con un tú, aunque ello no implique pagar cualquier precio. “Odio sentirme solo, pero prefiero la soledad a vivir una relación falsa o superficial”, confiesa Vincenzo, que ahora tiene 19 años.

No obstante, ¿por qué esta dificultad para establecer relaciones auténticas y para la intimidad? Vincenzo señala que los estereotipos promovidos por las redes sociales, junto con el temor a ser ridiculizados, favorecen lo performativo por encima de la autenticidad en las relaciones. Se prefiere la máscara a la verdad. “Hoy se busca mucho más lo efímero, lo rápido, lo fácil”, dice Vincenzo. Como resultado, hemos perdido el deseo por el otro, atrapados en nuestro propio narcisismo. Ya no anhelamos la conexión y la intimidad con aquel que irrumpe en nuestras vidas, desafiándonos a levantar la vista de nuestro propio ombligo, a encontrar al otro y, juntos, crear un mundo compartido. Aparentemente, ya no somos capaces de esa intimidad que expande y enriquece nuestro universo. El resultado es una realidad desprovista de la presencia del otro y de vínculos. Vivimos el colapso de nosotros mismos. ¿No son el agotamiento y la depresión también reflejos de esta realidad?

Sin embargo, Vincenzo representa a una generación que desea rebelarse contra este statu quo. El sufrimiento que expresa en sus canciones es un latido de amor que aún espera y anhela. Es un signo vital de quien sigue creyendo que es posible elegir el amor y no sucumbir a su agonía.

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William Velasco velez(16260)11 de febrero de 2026 - 01:55 a. m.
Excelente relato.
Gines de Pasamonte(86371)10 de febrero de 2026 - 06:52 p. m.
Por error borré mi comentario primigenio.
Gines de Pasamonte(86371)10 de febrero de 2026 - 06:52 p. m.
Te recomiendo, Aldo, que escuches el hermoso tango en la voz de Alberto Gómez: “bajo los sauces”. Decía Erich Fromm que: “la paradoja del amor es: ser uno mismo sin dejar de ser dos”. El enemigo, muchas veces solapado del amor es EL TEDIO, cuando los suspiros se truecan en bostezos y las rosas en hortalizas. ¡Plop! En “El amor en los tiempos del cólera” del gran Gabo, Fermina Daza la tenía muy clara: “el problema de la vida conyugal es aprender a dominar el tedio”.
Astrid Vallejo(60305)10 de febrero de 2026 - 04:53 p. m.
Hermosa columna
Atenas (06773)10 de febrero de 2026 - 01:33 p. m.
Aldo, en los tiempos q' corren a ritmos vertiginosos y no escaso hastío de la vida por la superficialidad en q' viven muchos, no es de extrañar q' no haya lugar pa Eros o Cupido según gusteis de la mitología griega o romana. Hoy el grueso de las relaciones son desechables, pues cultivar una relación no es actividad q' agrade realizar, y menos como fruto de ello tener prole, pa mi lo q' le da sentido a la vida. ¡Ser macho horro qué horror! Atenas.
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