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La batalla cultural que Colombia necesita

Aldo Civico

21 de julio de 2026 - 12:06 a. m.
"Paola Holguín puede escribir una página histórica. La de un país que decidió, por fin, contar una historia victoriosa" - Aldo Civico
Foto: El Espectador
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Al designar a Paola Holguín como ministra de Cultura, el presidente electo Abelardo de la Espriella fue claro: “la cultura es la memoria de un pueblo, la expresión de su identidad y una de las mayores fortalezas de Colombia ante el mundo”. Y le encargó liderar una batalla cultural por la Nación. Esa batalla no es contra personas, sino contra los modelos mentales que han frenado el país durante décadas: la normalización de la ilegalidad, el “aquí no se puede” y la idea de que el talento siempre debe irse. Es hora de dar esa pelea con convicción.

Lo vi de cerca en Palermo, donde viví y trabajé en los años en que la mafia parecía invencible, y aprendí del alcalde antimafia Leoluca Orlando una lección que Colombia necesita hoy con urgencia. Orlando no derrotó a la Cosa Nostra solo con policías y jueces: la derrotó cambiando la mente colectiva. Para él, la cultura no era un complemento, sino el arma estratégica decisiva. Porque la mafia no era solo crimen, sino una forma de pensar el poder, la legalidad y el destino. Fue así que el colosal Teatro Massimo, cerrado por décadas y símbolo de derrota, se convirtió en emblema del renacimiento. Su reapertura fue un acto político deliberado de esperanza y resiliencia. Devolvió belleza, dignidad y sentido de pertenencia. Los palermitanos dejaron de verse como víctimas para sentirse protagonistas de su ciudad.

Colombia tiene sus propios Teatros Massimo cerrados: talentos que se van, territorios que se sienten olvidados y una resignación que se ha vuelto casi cultural. La verdadera lucha cultural es romper ese ciclo y construir una narrativa nacional distinta: del “aquí no se puede” al “aquí construimos”, de la resignación y el resentimiento al orgullo productivo, de la división al sentido compartido de destino. Debe integrar tradición y futuro, provincia y mundo, memoria y ambición. Debe convertir la legalidad en hábito cotidiano y los espacios públicos en lugares de encuentro y ciudadanía.

Ese es el verdadero desafío del Ministerio de Cultura. No administrar únicamente festivales, museos o bibliotecas, sino contribuir a construir una identidad compartida capaz de fortalecer la confianza, el sentido de pertenencia y la responsabilidad colectiva. La cultura deja entonces de ser un sector para convertirse en la infraestructura invisible que sostiene la democracia y hace posible el desarrollo.

En la Patria Milagro que propone Abelardo, la cultura puede dejar de ser un sector secundario para convertirse en la infraestructura invisible que sostiene la democracia, la legalidad y el desarrollo. Palermo demostró que cambiar narrativa y modelos mentales es la condición para que cualquier reforma perdure. Dejó un manual que espera ser adaptado. Colombia, con su talento desbordante y su capacidad de resiliencia, puede lograrlo. Si Paola Holguín asume este reto con la determinación que la caracteriza, no solo cumplirá un encargo, sino que escribirá una página histórica. La de un país que decidió, por fin, contar una historia victoriosa.

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