El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La sombra del príncipe Harry

Aldo Civico

17 de enero de 2023 - 12:00 a. m.

“El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado”. Quizás esta cita de William Faulkner bien interpreta las memorias del príncipe Harry. Compré En la sombra porque su escritor fantasma es J. R. Moehringer, una de las plumas contemporáneas más refinadas. La lectura de sus propias memorias, El bar de las grandes esperanzas, me había dejado cautivado. También compré el libro del príncipe Harry por la coincidencia de encontrarme en Londres el día de su lanzamiento.

PUBLICIDAD

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

La lectura es ágil. Las anécdotas están escritas con precisión cinematográfica. Imposible no sentir empatía y compasión por un niño que a los 12 años pierde trágicamente a su mamá, y no una mamá cualquiera, sino un ícono como Lady Diana. Durante mucho tiempo el pequeño Harry espera que todo sea un engaño, y que la mamá un día aparecerá nuevamente. Se le arruga el corazón a uno cuando el príncipe describe en detalle cómo el padre Carlos le comunicó la noticia, sin lograr darle un abrazo. Papá no me abrazó. No era bueno para mostrar emociones en circunstancias normales, ¿cómo se podía esperar que las mostrara en una crisis así? Uno siente afecto al descubrir que a lo largo de su vida al príncipe quizá no le faltó el amor de su familia, pero sí las ternuras que lo expresan. Hasta uno logra entender la frustración por su destino de tener que quedarse bajo la sombra del hermano y así cumplir con una tradición real secular. Es una posición con la cual el príncipe se siente inconforme e incapaz de encontrar su plenitud. Definitivamente, una vida de privilegios no es necesariamente privilegiada.

Pero con el pasar de las páginas también creció en mí una cierta molestia mezclada con tristeza. La molestia es por la voz de víctima con la cual el libro está impregnado. Página tras página, la principal motivación del príncipe parece ser culpar a todos los demás por sus sufrimientos. Hay una corriente de resentimiento (principalmente hacia su familia), y en algunas ocasiones hasta de odio (sobre todo con los paparazzi y los medios británicos), desplazándose por las páginas del libro. A veces el propósito del libro parece ser la venganza. Otras veces me cuestioné las intenciones reales al publicar este libro. La tristeza viene del darse cuenta de que, a pesar de los años de terapia, el príncipe Harry se quedó prisionero del pasado; el lugar existencial desde donde parece seguir viviendo su vida. Es como si haber traído a la conciencia las memorias del pasado, lo haya hundido aún más en su trauma, en lugar de sanarlo y liberarlo. El príncipe Harry escribe desde una herida que sigue abierta y que parece haberse convertido en su identidad, en su fuente de significado y hoy quizá hasta de su riqueza y poder. Esta incapacidad de trascender el trauma después de 30 años causa tristeza, porque en lugar de sanar los conflictos, los escala. Escapar a California permitió al príncipe Harry separarse de su familia. Pero no será suficiente para emanciparse del pasado y ser verdaderamente libre.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.