La crónica política de estos meses es la triste crónica de una clase dirigente corrupta, sin escrúpulos, carente de un horizonte ético. Es la crónica de una estafa perpetrada con cinismo ante quienes se ilusionaron con que un cambio de gobierno se traduciría finalmente en un cambio para el país, especialmente para aquellos que históricamente han sido los más olvidados. Somos, en realidad, testigos de una macabra continuidad de una cultura y práctica política entendida como privilegio y como acumulación de riqueza y poder. Vivimos la continuidad del “todo vale”, donde el pobre y el marginado son cínicamente utilizados como una hoja...
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