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“Pinocchio”

Aldo Civico

20 de diciembre de 2022 - 12:30 a. m.

Hay una corriente de pensamiento que se está abriendo camino en nuestras mentes. Me refiero al valor de la libertad entendida como el derecho fundamental a ser uno mismo, sin el deber o la necesidad de encajar en los moldes impuesto por paradigmas ideológicos, culturales, religiosos. Es un deseo que se mueve desde las entrañas, consiste en no tener que obedecer a las convenciones y a las ideologías. El origen de este deseo, pienso, es una necesidad (quizás en gran parte inconsciente) de conocer nuestra esencia auténtica y de transformarse, liberándonos de las serpientes demoníacas de la ideología y del totalitarismo, como las define el psicólogo Jordan Peterson.

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Es una fuerza que quiere romper y oponerse a las nuevas formas sutiles, casi imperceptibles, del fascismo cultural que hoy se manifiestan muchas veces en la vehemencia con la cual se pretende cancelar a quienes no piensan de manera igual, negando el derecho y el valor a pensar diferente, cuando el derecho a la libertad de expresión está garantizado únicamente a quienes piensan igual. Lamentablemente, este es un virus que está erosionando incluso un cierto liberalismo sectario promotor de un culto al victimismo. “No solo creen que tienen razón, saben que tienen razón. Y no solo piensan que los que no están de acuerdo están equivocados, saben que están equivocados. También creen que aquellos que no están de acuerdo con ellos son idiotas, tontos e intolerantes que deben ser avergonzados, abusados y preferiblemente cancelados”, escribe el periodista británico Piers Morgan en su libro Wake Up (Despierta), denunciando la cultura de la cancelación que hoy se está difundiendo.

Quizás es también este el mensaje que Guillermo del Toro quiso transmitir con su película Pinocchio. La animación es una libre interpretación del tradicional cuento de Carlo Collodi. En la fábula italiana, es el títere de madera quien evoluciona, a través de varias aventuras, hasta transformarse en un niño de carne y huesos. Por el contrario, en la película del director mexicano, quien se transforma es Geppetto, el padre carpintero.

Guillermo del Toro ambienta la aventura de su Pinocho durante el surgimiento del fascismo italiano de Mussolini. El títere de madera, que habla, baila y vive libre de las rígidas normas morales del pueblo donde fue creado, es rechazado no solo por el pueblo, debido a su diversidad y unicidad, sino también por el mismo padre. De hecho, Geppetto tiene la expectativa de que su títere se convierta en una copia del hijo que perdió durante la Primera Guerra Mundial. Las aventuras que vive Pinocho no le quitarán su espontaneidad y esencia. En cambio, a quien cambian es al padre, que terminará aceptando y amando a Pinocho por lo que es. Lo de Guillermo del Toro es una invitación elegante no solo a tolerarnos como somos, sino a celebrar nuestra diversidad y a ser cada vez más quienes verdaderamente somos.

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