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Pregunta para el 2023

Aldo Civico

03 de enero de 2023 - 12:30 a. m.

Esta vez ha sido un año nuevo distinto; me vine a Innsbruck, en Austria, la ciudad donde nació mi mamá. Aquí vive mi tío Erich, quien tiene 84 años y problemas de salud. Hace un par de meses tuvo COVID-19 y eso ha debilitado aún más su frágil corazón. He compartido con él en el apartamento donde han vivido tres generaciones de su familia, incluso mi abuelo Hubert, quien fue un partisano que lideró la resistencia armada en contra de las tropas de Hitler durante el nazismo.

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Mi tío es un respetado cura católico. En estos días me contó que el pasado 23 de octubre fue la última vez que pudo celebrar la misa. “Ese día me sentí superbién, y al día siguiente me desperté enfermo”, dijo. Hizo una pausa, la mirada fijada en un horizonte imaginario. Agregó: “¿Quién iba a imaginar que aquella iba a ser mi última misa?”. Otra pausa. “Estoy coleccionando «últimas veces»”.

La vida adquiere otro sabor cuando existe la oportunidad de estar cerca de quienes son conscientes de que su existencia se está escapando. Afanes y prioridades adquieren otra perspectiva. Observando a mi tío, me doy cuenta de que vivimos como si la vida fuera eterna. Esta ilusión nos hace vivir los días distraídos, como si tuviéramos tiempo de recuperar las horas perdidas, las acciones postergadas, las oportunidades desaprovechadas. Pero no es así. Somos seres infinitos que viven una dimensión temporal finita. Quizás también estamos ya coleccionando “últimas veces”.

Me surgió, por ende, espontáneamente esta pregunta: ¿y si este que empieza fuera el último año de mi vida? El interrogante nació también por las noticias de muertes de personajes ilustres que tuvimos en los últimos días del 2022, como Pelé, la diseñadora Vivienne Westwood (la pionera de la moda punk), la periodista Barbara Walters y el papa emérito, Benedicto XVI. Cada uno fue un ícono que vivió su vida al máximo de su potencialidad, dejando una huella profunda en la humanidad, haciendo historia. ¿No es así como deberíamos vivir cada uno de nosotros, descubriendo cuál es nuestro propósito y misión, y después vivirlos sin escatimar en nosotros mismos, hasta el último aliento?

Más atento a la realidad finita de la vida, me doy cuenta de que quizás me negaría a gastar energía en muchas cosas secundarias, sin trascendencia. Hasta disfrutaría más los momentos de ocio. Cada instante presente adquiriría más significado, porque tendría más presentes las razones de peso por las cuales hago lo que hago. Cada día quizás empezaría con más intención.

La noche de Año Nuevo, mi tío se quedó en la cocina, sentado frente al televisor, mirando la retransmisión en directo de una ópera, su pasión. Lo vi cerrar los ojos, levantar y mover lentamente en el aire la mano derecha, con elegancia, como si estuviera dirigiendo la música, completamente sumergido en el presente, disfrutando de la vida. Fue hermoso. Me repetí la pregunta: ¿cómo viviría este nuevo año, si fuera el último de mi vida? ¡Feliz Año Nuevo!

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