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Shifone

Aldo Civico
11 de septiembre de 2023 - 09:05 p. m.

Éramos 14, sentados alrededor de una larga mesa de madera, en una sala privada de un elegante restaurante de Medellín. Todos, rigurosamente vestidos de blanco, el color de la pureza y por ende de la coherencia. Hacía varios años no veía a muchos de ellos: la vida es un recorrido de caminos convergentes y divergentes donde la amistad es un hilo dorado invisible que misteriosa y eternamente nos une y acompaña. Cada vez que hay oportunidad de reencontrarnos, es una fiesta de corazones.

Esta vez nos reunimos para celebrar a Shifone, un genio del grafiti y del tatuaje, quien hace unas semanas se graduó como diseñador gráfico de la Universidad Bolivariana. Yo lo conocí hace 10 años, en el barrio Alfonso López, en el patio trasero de una casa humilde transformada en un palacio por los grafitis de un grupo de adolescentes que allá se reunían para soñar, inspirarse, alimentar su resiliencia. En aquel espacio, como en muchos otros alrededor de la ciudad, aquellos grafiteros construyeron una vida en contravía a la violencia estructural y cultural que a veces condena a quienes nacieron en la periferia sin apellidos nobles ni privilegios. En el grafiti encontraron una forma para tramitar la incomprensión que encontraban entre los muros de sus casas o en la ciudad. Respondieron a las adversidades de la vida pintando con colores brillantes, bucles, triángulos y círculos. El grafitero es aquel que a pesar de todo sigue pintando. “El grafiti es refugio y una forma de vida, una manera para ahuyentar el dolor”, me dijo una vez Shifone, mientras pintaba el muro que limitaba la cancha de cemento de su barrio. Esa noche, mientras levantaba la copa de vino para celebrar su grado, recordé que en el pasado Shifone no gastaba el dinero de las onces en el colegio para poder comprar las pinturas.

La noche de celebración transcurrió entre recuerdos, anécdotas y también el reconocimiento orgulloso y recíproco de haber superado en la vida obstáculos que podrían parecer insuperables. “Logramos salirnos del barrio”, dijo Worm, otro grafitero destacado de la ciudad. Porque el barrio es antes que nada la jaula mental donde nos encerramos y limitamos nuestros sueños. Los hombres y las mujeres, ya adultos, que esa noche estaban de celebración no solo se resistieron a un destino ya trazado, sino que eligieron trascenderlo. Lo lograron gracias a su imaginación, talento e inmensa fuerza vital. A medida que aprendieron a dar color a los muros del barrio con spray, rodillos y plumones, también desarrollaron la habilidad de trazar caminos inesperados para su vida. “La victoria de uno es la victoria de todos”, nos dijo Beth, la profesora de Columbia University que se ha convertido en una madrina y compañera de viaje de estos artistas. Esa noche no brindamos solo por Shifone sino por todos estos héroes cotidianos. Fue una celebración colectiva que nos recordó que todos somos los creadores de nuestro destino, no importa el punto de partida.

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Norma(12580)13 Sept 2023 - 12:51 a. m.
Preciosa columna, gracias.
Alberto(3788)12 Sept 2023 - 11:51 p. m.
Muy buen escrito.
Juan(45350)12 Sept 2023 - 10:43 p. m.
Bien por los grafiteros calidosos!!!
Eduardo(27855)12 Sept 2023 - 10:38 p. m.
Muy interesante su planteamiento; y emocionante. SI FUTURO!
Felix(92619)12 Sept 2023 - 6:01 p. m.
He oido mucho improperios contra los grafiteros y sus grafitis. Yo los veo como el medio de expresión de los que no tienen voz, y el lugar donde se refugian y se encuentran. Muy buena su columna.
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