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¿Qué placer puede haber en vivir simplemente interpretando el guion que la sociedad, una ideología, la religión o la familia te entregaron? ¿Qué mérito puede existir en replicar lo que la mayoría dice, hace y piensa? Creo que es más divertido y más interesante construir tu propio camino, que seguir el de los demás. Hay un mérito mayor porque quizás se necesita más coraje, inteligencia y pensamiento independiente para comprometerse con un camino único e individual.
Eso tiene más valor porque requiere un mayor grado de libertad. En muchas ocasiones nos centramos en los grados de libertad que una sociedad otorga, como, por ejemplo, la libertad de opinión, de asociación, de movimiento, etc. Pero pienso que es más importante y, a la vez, más complicado conseguir nuestra libertad interna, es decir, la libertad de vivir una vida lo más libre posible de miedos y condicionamientos. Hoy en Occidente vivimos en regímenes donde hay buenos niveles de libertad de opinión. ¿Pero cuántos se atreven a decir lo que realmente piensan o hacen lo que verdaderamente quieren hacer? ¿No es más bien verdad que la gran mayoría se preocupa por encajar, cumplir con expectativas, ser aceptado y recibir el aplauso de los demás? “La mayoría de las personas son razonables, por eso solo les va razonablemente bien”, escribe el publicista británico Paul Arden.
Hace unos días, en la ciudad de Boloña, me tomé un café con el artista italiano Luis Sal. El Espectador publicó el pasado domingo mi entrevista con él. Tiene 25 años y desde hace 10 publica sus cortos videos en YouTube, comentados, reenviados y aprobados por más de cuatro millones de seguidores. Pero su propuesta de contenido se distingue de la gran mayoría de sus colegas. Lo que me fascinó de Luis Sal es que no se conforma con los códigos del éxito en internet y no se deja condicionar por las exigencias del algoritmo. Por el contrario, le resulta natural romper los paradigmas, experimentar e innovar. Esta actitud, sazonada con una pizca de ironía, lo convirtió en un fenómeno cultural en Italia (y cada vez más internacionalmente). “Simplemente, sigo mi propio camino y no me dejo influenciar por lo que hacen los demás”, me dijo Luis Sal.
¿Pero acaso no se trata exactamente de eso en el gran experimento que es la vida? Es decir, ¿de ser originales en lugar de simples copias de lo que ya existe? ¿Aquellos que han dejado su huella en la historia no han roto paradigmas obsoletos y abierto nuevos caminos? Pienso en Nelson Mandela, en Pablo Picasso, en Steve Jobs, en Patti Smith, Vivienne Westwood. “Te recordarán por las reglas que has roto”, escribe Phil Knight, el creador de Nike, en sus memorias. Entonces, ¿tú qué paradigmas y reglas vas a romper?, ¿qué te atreves a experimentar?, ¿qué riesgos vas a tomar para sentirte vivo?
