¿Te has detenido alguna vez a examinar la relación que tienes con los colores? Si te preguntara: “¿De qué color es el mundo?”, ¿qué me contestarías? Cuando mi mentor en antropología, Michael Taussig, me visitó en Medellín hace ya 15 años, él estaba escribiendo un libro sobre colores (What Color Is the Sacred?). Tomándonos un tinto en la tienda de un pequeño parque en el barrio de Aranjuez, Taussig me hizo notar que la visión de los colores no tiene que ver tanto con la actividad de la retina, sino que es una experiencia corporal total. Refiriéndose a sus escritores preferidos, como Walter Benjamin, William Burroughs y Marcel Proust, me comentó que para ellos el color era un ser vivo como lo es un animal. De hecho, ¿acaso un color no tiene el poder y la fuerza de despertar en nuestra mente imágenes, interpretaciones y emociones intensas? Nos pasa eso, sobre todo, con los colores más vivos y dramáticos. Muchas veces estas emociones son de repulsión, escepticismo, discriminación.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Quizás esta reacción es una herencia de la cultura colonial europea, donde los colores vivos eran una representación de un estado primitivo. La primera frase del libro de Taussig es una cita de Goethe: “Los hombres en estado natural, las naciones incivilizadas y los niños tienen una gran afición por los colores en su máxima brillantez”. Por el contrario, colores como el negro, el blanco, el gris representaban lo culto y lo civilizado. Todavía hoy llevamos dentro de nosotros las huellas de ese legado colonial. Pienso, por ejemplo, en los tonos vivos de los grafitis que colorean los barrios de las periferias urbanas y en los edificios monocolores de las zonas residenciales.
Pero quizás es sobre todo en el mundo de la moda que hoy podemos experimentar los colores como seres vivos, dotados de una fuerza que inspira e ilumina. Es como si los colores, sobre todo aquellos vívidos y brillantes, nos despertaran de un cierto entumecimiento que impone la rutina diaria (quizás también por eso Anna Wintour, la diosa de la moda, se ha quejado muchas veces de una excesiva presencia del negro en las colecciones). ¿Cómo no recordar, por ejemplo, el disruptivo rosa shocking de Elsa Schiaparelli, hace casi un siglo, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial? Por ende, el anuncio que hizo recientemente la empresa Pantone, que eligió el Viva Magenta como color para 2023, nos invita a conectarnos con sus significados y emociones. Se trata de “un color pulsante cuya exuberancia promueve una celebración alegre y optimista, escribiendo una nueva narrativa”, comentan desde Pantone. En psicología, el magenta representa la armonía universal y el equilibrio emocional. Promueve la compasión y la cooperación. Es un color (y sobre todo una experiencia) que hoy el mundo clama con urgencia. Lo interesante es que para la ciencia el magenta no existe, porque no tiene longitud de onda. Quizás es esta no existencia del magenta lo más inquietante de la selección de Pantone.