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26 Nov 2022 - 5:01 a. m.

El Movimiento Pedagógico del magisterio colombiano

El 16 y 17 de noviembre del año en curso, la Federación Colombiana de Educadores celebró los 40 años del Movimiento Pedagógico. En su Congreso Nacional de 1982 lanzó esta iniciativa que venían impulsando varias organizaciones de la sociedad civil, en respuesta a las políticas educativas del momento signadas por la llamada tecnología educativa que asumía al maestro como un operario del llamado diseño instruccional. En una vía contraria, el Movimiento consideró al maestro como intelectual, a la escuela como un escenario propio del campo cultural, y a la pedagogía como un saber, más allá de toda acción instrumental.

Tres condiciones hicieron posible que esto sucediera. En primer lugar, el magisterio acababa de conseguir la aprobación del Estatuto docente (Decreto 2277 de 1979), que le garantizaba estabilidad laboral y posibilidades de mejorar sus ingresos. En segundo lugar, un vacío en las políticas educativas que titubeaban en medio de la crisis del modelo desarrollista de crecimiento económico. Finalmente, un movimiento social que proponía una escuela conectada con los desafíos de la sociedad y el reconocimiento de los maestros y maestras como profesionales.

El Movimiento Pedagógico tuvo varias formas de materializarse:

- FECODE creó la Revista Educación y Cultura, y los Centros de Estudios e Investigación Docente (CEID).

- Los maestros y maestras, por iniciativa propia, crearon círculos de estudio e innovación pedagógica en diferentes áreas de la enseñanza.

- Se realizaron múltiples eventos de discusión sobre la escuela, el papel del magisterio en la sociedad, los fundamentos de la pedagogía como saber, la promoción de la educación popular, entre otros temas.

- Algunas ONG como CINEP, CEPECS, Dimensión Educativa promovieron, en colegios y comunidades, procesos de renovación pedagógica.

Este movimiento estuvo activo por lo menos hasta mediados de la década del noventa. Es reconocida su influencia en la expedición de la Ley General de Educación (1994), y en general se convirtió en una voz que dialogó públicamente con el Estado. Queda por establecerse qué tanto incidió en la vida cotidiana de la escuela; lo que si es cierto es que durante esos años grupos significativos del magisterio se posicionaron como interlocutores con voz propia ante el Estado, ante la academia y ante las comunidades educativas.

Mucho se ha discutido si dicho movimiento fue sólo una propuesta sindical, o si les pertenece a las bases del magisterio, a los educadores populares y a los académicos, que no sólo han venido cuestionando la enseñanza tradicional desde hace años, sino también han propuesto y experimentado giros en las maneras de entender al maestro y a la misma escuela.

Con todo, las tesis del Movimiento impactaron los imaginarios de muchos actores de la educación colombiana, a pesar de las críticas que aparecieron desde el comienzo. Algunos sectores de izquierda consideraban que se trataba de un movimiento romántico, ligado a visiones culturalistas que desvirtuaban su condición de aparato ideológico de la clase dominante, otros intelectuales señalaron que era una entelequia de unos pocos que no trascendía a la realidad, sin embargo, la peor crítica provino de algunos dirigentes de FECODE.

La división interna llevó a que el movimiento se fracturara en función de las cuotas burocráticas de los diferentes grupos políticos allí representados. Esto lo debilitó sensiblemente. Además, llegaron nuevas políticas educativas orientadas por organismos internacionales, centradas en otros principios que podemos resumir en tres: la medición de la calidad educativa a través de pruebas censales estandarizadas, según competencias básicas del aprendizaje; el debilitamiento del Estado como garante del derecho a la educación y la calidad educativa como responsabilidad del magisterio.

Muchos maestros y maestras continúan trabajando por la renovación pedagógica, y ejercen su condición de intelectuales, así como su liderazgo social y comunitario. Una expresión de ello ha sido la Expedición Pedagógica Nacional, que apuesta por una nueva mirada a la escuela, al maestro y a la pedagogía, a partir del reconocimiento de su trabajo entre pares, en viajes que aún realizan en medio de las dificultades causadas por las múltiples guerras que se viven en el campo y en las periferias urbanas.

Conmemorar hoy los 40 años de esta idea al viento, que se lanzó en 1982, es una oportunidad para preguntarnos por las condiciones que harían posible volver a vivir un momento de reflexión crítica sobre la práctica pedagógica, como el de entonces. Quizás no vamos a volver a tener un Movimiento de las mismas características, porque es otro momento histórico, pero sí, es posible pensar que podemos estar ad portas de tener importantes reformas educativas que redunden en la cualificación de la escuela.

El actual Gobierno está hablando de una nueva manera de entender la carrera y la evaluación docente, así como de un nuevo currículo para la justicia social. Por su parte, FECODE ha anunciado que realizará un Congreso Pedagógico, y la Expedición Pedagógica busca ampliar y profundizar sus viajes, esta vez para reconocer las experiencias de paz que las escuelas han implementado en medio del conflicto armado. La Universidad Pedagógica Nacional, por su parte, propone a las Facultades de Educación y a las Escuelas Normales, recoger años de reflexión e iniciativas para posicionar la pedagogía como saber crítico y darle un vuelco a la formación de maestros para conseguir una ley que cree, por fin, el Sistema Colombiano de Formación de Educadores. Son otros tiempos, pero de nuevo se siente un gran entusiasmo por impulsar una gran reforma de la educación y la enseñanza.

* Rector, Universidad Pedagógica Nacional.

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