El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Abordaje a las curules para las víctimas

Alfredo Molano Jimeno

18 de enero de 2022 - 12:30 a. m.

Una de las grandes promesas del Acuerdo de Paz fue poner en el centro a las víctimas de la guerra. Se dijo que eran el corazón de la mesa de negociación y las principales beneficiarias de lo que se pactara. La premisa, casi eslogan, fue el caballito de batalla publicitario con el que se quiso desarmar los corazones de opositores al proceso. Sin embargo, hacer realidad esta promesa ha sido un calvario en un país en el cual el establecimiento se resiste a ceder el mínimo espacio de la democracia y a renunciar a un centímetro de sus privilegios políticos y económicos. Es por esta realidad —histórica y fehaciente— que uno de los instrumentos más novedosos e importantes del Acuerdo de Paz es lo que tiene que ver con los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), los cuales no se tratan solo de atender institucionalmente 170 municipios, sino de sacarlos de la guerra, del atraso, del olvido. Integrarlos a la democracia con las circunscripciones especiales de paz y entregarles la voz a las víctimas en estos territorios.

PUBLICIDAD

Desde que se empezó a discutir la propuesta en La Habana, los voceros del establecimiento —que no lo eran solo del Gobierno, sino también de una clase social privilegiada y exclusiva— interpusieron toda suerte de trabas camufladas en el fantasma de siempre: “Será entregarle el país al comunismo”. Así lo dijeron cuando se formaron las que Laureano Gómez llamó repúblicas independientes, y así volvieron a hacerlo en La Habana cuando las Farc propusieron sus Terrepaz, y después lo hizo un sector de derecha cuando se anunciaron los PDET, y lo mismo ocurrió cuando se acordaron las curules especiales de paz. Idéntico libreto siguieron los congresistas del poder cuando se les iba a dar vida política a los 16 asientos en la Cámara de Representantes. ¿Cómo olvidar el día en que el senador Efraín Cepeda, aliado con el secretario del Congreso y el Gobierno de las jugaditas, decidió que las mayorías que aprobaron las circunscripciones de paz no eran suficientes porque mayoría era solo el número que ellos dijeran?

La manera tan burda como quisieron conejear el Acuerdo de Paz se les cayó en el Consejo de Estado, que obligó a revivir las curules para las víctimas para estas elecciones, y aquí es donde viene el más reciente acto de burla. Los que antes despreciaron la figura, los que otrora fueron enemigos de que a las víctimas se les entregara algo distinto a plata, porque, obvio, así se la pueden robar, ahora tienen como estrategia asaltar las curules de las víctimas a través de elegir en ellas a unos piratas, serviles a sus intereses y que puedan disfrazarse de víctimas por una campaña. En total, a la Registraduría se presentaron 407 aspirantes a quedarse con las 16 curules de las víctimas. Entre ellos existen varios casos preocupantes y que bien podrían esbozar la estrategia de paramilitares y políticos corruptos de quedarse con esos lugares. El caso más protuberante es el de Jorge Rodrigo Toyo Tovar, hijo de Jorge 40 y un joven con un discurso de reconciliación tras del cual quieren difuminar el hecho de que es el hijo de uno de los grandes victimarios de este país.

Pero este no es el único caso. El Espectador reveló que a estas circunscripciones aspira Alicia Monroy, esposa de Melecio Cendales, un político tradicional del sur de Bolívar que le hizo campaña al No en el plebiscito refrendatario del Acuerdo de Paz y que tiene algunos episodios en el pasado en que a tiros defiende sus posiciones políticas o económicas. El otro caso registrado por este diario es el de Anacelis Pallares, quien hace campaña en llave con Dionisio Maury, otro político tradicional cuya particularidad son los vínculos con el Partido Conservador y específicamente con el gobernador Vicentico Blel, hijo de un reconocido parapolítico de Cartagena. Ni que decir de la cabeza de lista del Centro Democrático a la Cámara de Representantes por Meta. Se trata de Humberto Gaitán García, hijo de Reinel Gaitán Tangarife, alias el Gurre, un conocido narcotraficante llanero cuyos lazos conducen al Loco Barrera. Y estos son apenas unos casos de cómo el paramilitarismo, los políticos tradicionales y las redes del narcotráfico están tendiendo caminos para hacerse a las curules en el Congreso, ya sean ordinarias o de las que se crearon, a regañadientes, para que representen los territorios más golpeados por la guerra.

Read more!
Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.