Se necesitan varios días para poder procesar los resultados electorales. Los análisis tempranos suelen sufrir una drástica metamorfosis en la medida en que se les suman elementos de juicio. El aplastante triunfo de Petro en la consulta tiene bemoles en los resultados para el Senado. La histórica votación por Francia Márquez, además de merecida y emocionante, es una prueba ética para el Pacto Histórico. El candidato más opcionado a quedarse con la Presidencia tiene que decidir entre jugar el segundo tiempo —que lo tiene ganando— con los suyos o salir a fichar a un jugador de otro equipo para atraer fuerzas que están en su alineación. Una decisión que tiene dos planos enfrentados: el de los cálculos electorales y el de la lealtad con sus principios y la gente que ha estado desde el principio. Ojalá se resuelva por la segunda, aunque hay motivos para pensar que no será así.
En el ámbito de las parlamentarias, el triunfo del Pacto Histórico tiene algunas reservas. De 5’806.278 votos que recibió el Pacto Histórico en la consulta, poco más de dos millones llegaron a su lista de Senado. Es cierto que la izquierda nunca había tenido 16 senadores y que el crecimiento del petrismo ha sido significativo en cuatro años. Pero no menos cierto es que las expectativas que había en el Pacto Histórico eran de más de 20 senadores y que, con las curules que tiene, el eventual gobierno de Gustavo Petro quedará a merced de los acuerdos que pueda hacer con los políticos de todos los pelambres y colores. En estos términos, la tarea del senador Roy Barreras de garantizar una bancada de gobierno con no menos de 56 senadores será de alto riesgo moral.
En los engrases de las maquinarias hubo de todo. Un número importante de congresistas sub judice lograron la credencial. Encabeza la lista el senador Mario “el oscuro” Castaño, recién llamado a indagatoria por la Corte Suprema de Justicia por algunos negocios que tendrá que explicar; también se eligió Óscar Barreto, el exgobernador de Tolima, jefe de un clan de dudosa reputación y recién imputado por la Fiscalía General de la Nación. Está Carlos Andrés Trujillo, político antioqueño, exalcalde de Itagüí que se eligió con el asombroso apoyo de 159.810 personas, de las cuales 20.578 votaron en La Guajira. Curiosamente, la Alcaldía de Uribia puso en su fachada, pagada con recursos públicos, una pantalla LED en la que se pasaba propaganda política de Trujillo, quien a su vez “intercedió” ante el Invías para la firma de la pavimentación de la vía Uribia-Poporín. Trujillo fue la segunda votación del Partido Conservador, únicamente superado por Nadia Blel Scaff, hija del parapolítico Vicente Blel y hermana del actual gobernador de Bolívar.
Casos como estos hay a manos llenas. Los parapolíticos y sus herederos conservaron su credencial y algunos llegaron al nuevo Congreso. En el Partido de la U hay una fuerte trinchera de estos personajes: José Alfredo Gnecco; José David Name, quien ha pasado de agache, por ahora, en todo el escándalo de Aida Merlano; Juan Felipe Lemos Uribe, el ahijado de Mario Uribe; Antonio José Correa, el hombre de la Gata y sus gaticos, a quien alguna vez se le oyó quejarse de que el mercado de los votos comprados estaba por las nubes y que “¿quién puede competir con los que compran a $50.000 o $100.000?”. Ni que decir de Arturo Char, Carlos Abraham Jiménez, Laura Fortich, el hijo de Jorge 40 y Miguel Ángel Pinto, que utilizó toda la institucionalidad de Cundinamarca y especialmente de la Alcaldía de Cota para presionar a funcionarios y contratistas para que votaran por él.
La lista podría seguir y llenar tres cuartillas, pero ni los editores ni los lectores me lo perdonarían. Por ahora, baste con advertir que los cambios no son tantos. Aunque se siente un fresquito de que el Gato Volador no haya podido reelegirse, ni haya llegado al Congreso la hija de Juan Carlos Martínez; de que el principal soldado del duquismo, Édward Rodríguez, haya pasado de 100.000 a 20.000 votos; de que Manguito, quien lanzó la casa por la ventana con propaganda, no vuelva al Congreso, ni le haya alcanzado a Humberto Gaitán, hijo del Gurre, un despojador tierras y depredador de selvas del Ariari. Pequeños triunfos de la democracia tan tomada por los bandidos y los rufianes de siempre, y con los cuales el gobierno próximo tendrá qué hacer. Y, para terminar, una buena noticia: al fútil gobierno de Iván Duque le quedan 145 días.