Mientras el país político tiene sus expectativas puestas en el cambio de gobierno, en la salida del gris presidente Duque y su cuadrilla de mediocres o en la llegada de Petro y los nombres de su gabinete, en un rincón del Bajo Cauca, el nordeste antioqueño y el sur de Bolívar no hay tiempo para las frivolidades. Allí la guerra se vive intensamente, sean elecciones o Semana Santa. Allí sus pobladores están ensanduchados por la balacera cruzada entre el Eln, las disidencias, las Agc y la fuerza pública. La situación no es nueva, pero sí cada vez más grave, a tal punto que no existe un mejor escenario para implementar la política de...
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