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Hoy somos menos

Álvaro Castillo Granada

24 de agosto de 2026 - 06:10 a. m.

“Hoy eres menos”, este verso del poeta cubano Roberto Fernández Retamar, puede condensar lo que significa para los lectores el cierre, casi simultáneo, de tres librerías en Bogotá.

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Prólogo, Hojas de Parra y Garabato (el orden de los factores no altera el resultado) van a cerrar sus puertas, sus estanterías, para empezar a habitar en dos espacios: la memoria y la virtualidad.

Cada uno de nosotros tiene su librería y su librero. Esta decisión/opción, definitivamente caprichosa, obedece a muchas razones (cercanía, oferta, recomendación, herencia, empatía), pero, por sobre todas las cosas, a una: pertenencia. Pertenecemos y somos de una librería porque ese espacio nos acoge y abriga y tenemos un librero particular que nos conoce, aconseja y acompaña.

Esta experiencia para un lector es fundamental: una librería es un refugio y un librero, un camarada. Las librerías desatan ese sentimiento tan entrañable y misterioso que es la complicidad. Nos sentimos parte de algo que nos acompaña a estar y a vivir.

En cada una de ellas, en medio del tiempo, tengo memorias y recuerdos. Las visité (tenían en común su errancia constante) a lo largo de sus sedes muchas veces. Con algunos de sus libreros desarrollé amistad (¿recuerdas, Santiago, Mauricio, Santiago José?). Fui acogido como alguien que llega esperando cumplir alguna cita con su destino. Un colega y lector más. A veces era así. Otras (las menos), no. Pero siempre fue gratificante estar en ellas. Estar ahí.

Ahora, cuando pasemos frente a los locales donde estuvieron, nuestra memoria nos llevará a esos momentos donde fuimos felices y cómplices. Recordaremos encuentros (también desencuentros, claro), lecturas, descubrimientos y, lo más importante, un espacio donde lo fundamental era ser esperado por libros y lecturas por venir, y por libreras y libreros que cumplían con su oficio: llevar los libros a sus lectores.

Tres librerías más se suman a esa memoria de las que ya no existen y que a cada uno nos habitan. Tres más a esta memoria de librero que ya pronto va a cumplir treinta y ocho años en el oficio y muchos más años de lector y comprador de libros.

Para ellas y ellos la palabra más hermosa del idioma: Gracias. No las olvidaremos.

Y ojalá continúen cumpliendo con su misión, también, desde la virtualidad porque, ajá, desde ahí también se puede estar y servir.

Hoy somos menos, Prólogo, Hojas de Parra y Garabato.

Hasta siempre.

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