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En mi lugar

“La lectura es un acto de amor total”

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Álvaro Castillo Granada
11 de agosto de 2026 - 11:00 a. m.
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“Eres mi librero”, con esas tres palabras me nombra y define Albalucía Ángel, una de las escritoras colombianas más potentes, irreverentes y fundadoras que he leído, conozco y he tenido el privilegio de servir con mi oficio: librero.

¿Cuándo se es un librero? ¿El hecho de trabajar en una librería, vendiendo libros, te convierte en ello? Hasta cierto punto, sí. Pero, como lo creo, se es librero cuando alguien te nombra así.

La conocí hace casi treinta años cuando, gracias a la recomendación de Paulina Encinales, me escribió encargándome algunos ejemplares de la primera edición de “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”. La de Colcultura. Ángel llegó una tarde a la librería y le tenía dos. Ahí empezó una conversación que no se ha terminado. Es un prodigio y un privilegio conversar con ella.

Esa charla, que empezó hace rato, continúa, en medio del tiempo, ramificándose y ampliándose, buscando el sol, como el palo de rosa que siempre la acompaña. Fueron tres preguntas las que le hice: ¿Cuándo empezó a leer, qué es un libro y qué es la lectura? Improvisando (como dice ella) empezó a responder:

“Cuando leí el primer libro, estaba en el colegio: la Biblia. Se llamaba Historia Sagrada. Empecé a leer a los cuatro años porque me dio sarampión. Unas amigas de mi madre llegaron a acompañarla a sus jugarretas de cartas, y una señora española me llevó unos conos con unas letras. Y, mientras la señora jugaba cartas, yo expandía los conos ahí a lo lejos y ella me decía: Eme, A… Cuando salí del sarampión, sabía leer. Llegué al colegio y me negué a entrar a kínder. Le leía esa Biblia a mi abuela. Me daba dos centavos por la lectura. Mi misma abuela Adelfa Ramírez me regaló, a mis siete años, “Las mil y una noches”. Era una versión para adultos. Esa fue la que leí. Todavía me acuerdo de episodios…

Para mí, un libro es una fuente eterna del conocimiento. O el agua primordial. Puede ser una caja de Pandora. También puede ser la esencia. Y si uno lee el Dante, puede ser un infierno. Uno se mete en unas oscuridades; depende del tema del libro. Puede ser un infierno muy profundo. Es, el libro, un objeto sagrado inmenso. Le debo todo a esa sabiduría y, como ves, mi memoria todavía se nutre de lo que leí a los cinco años.

La lectura es un acto de amor total. Es una consagración absoluta a tu propio tiempo. Como si estuvieras en un altar orando alejado de las interrupciones. Es una historia de consagración, de reverencia a este libro. Es como entrar a un altar, estar sola con esta oración. Estás con el autor, estás con estos personajes, y que nadie se atreva a interrumpirte”.

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DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 37 minutos
Gracias, Álvaro. Los verdaderos milagros una epifanía encendida en los libros... y la lectura.
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