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Ya no recuerdo dónde lo leí, cómo fue que lo supe. Solo fue una vez y se quedó grabado en mi memoria. Ver referenciado, por primera y única vez, un libro de una escritora amiga y admirada, del que no se tiene noticia, no ocurre todos los días. Lo apunté en alguna parte. Lo que sí estoy seguro es del año: 2009. Había leído (en ese entonces) la última novela de Laura Restrepo, “Demasiados héroes”. Nos encontramos en su apartamento de las Torres del Parque para conversar. De esa charla salió una entrevista que fue publicada en la revista Número, el 61 (Junio-Agosto). Días después, celebrando la aparición de esta, le pregunté:
—Laura, ¿tú tienes un libro que escribiste en colaboración con Miguel Bonasso? En alguna parte lo vi citado, pero jamás lo he encontrado. ¿Tienes un ejemplar para poder verlo?
—Alvarito, me dijo. Tengo uno solo... Ese es un libro militante. Duro. Salió en México. Ya te lo muestro...
Y lo vi por primera vez: “Operación príncipe”, escrito por Roberto Bardini, Miguel Bonasso y Laura Restrepo. Publicado en 1989: “La trama secreta del secuestro que conmovió a Chile realizado por el mismo grupo que atentó contra Pinochet”.
Lo guardé para olvidarlo en mi memoria. Sé que suena rara esta frase, pero de eso se trata conmigo y con los libros que me gustaría encontrar: poder reconocerlos sin necesidad de buscarlos. Algo así como contemplar un hermoso rostro en medio de la niebla.
Y “pasó el tiempo, y pasó un águila por el mar”. Lo recordaba esporádicamente. Hace unos días comenzó a rondar mi memoria con insistencia. Ya no “veía” su nombre ni su carátula. Era un fantasma olvidado. No sé por qué volvió. Es una cosa extraña lo que me pasa a veces. De repente, sin por ni para qué, ciertos libros se instalan en mi “radar del azar” (como diría el poeta Armando Orozco). Dan vueltas en mí.
El 23 de enero, la insistencia de ese libro, visto una sola vez, se radicalizó. Algo semejante a los presagios que le llegaban, de cuando en vez, a Úrsula Iguarán. Y, en este caso, podía leerlo: el libro iba a arribar.
Y atracó en mis manos al día siguiente, en una bolsa repleta de libros, que nos envió a la librería, una lectora que algún día espero conocer: Taína. A través de María Eugenia, supo de nosotros, y decidió que el destino de muchos de los libros que aún conservaba, “después de tanto tiempo y tanta tempestad”, era para San Librario Libros. Tres bolsas repletas.
En la primera, debajo de otro, estaba “Operación príncipe”, sonriéndome, guiñándome un ojo. Recordándome que lo había olvidado.
