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Subrayar un libro

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Álvaro Castillo Granada
21 de julio de 2026 - 12:00 p. m.
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No recuerdo cuándo empecé a subrayar los libros.

Mis primeras lecturas fueron, sobre todo, en libros prestados, libros de la biblioteca del colegio donde estudié y libros de mis padres o amigos, y ahí, por razones más que obvias no podía hacerlo. En esa época lo que podía subrayar, párrafos o versos, lo copiaba a mano en cuadernos. En la letra diminuta que siempre me ha acompañado. En algún momento de mi vida los perdí. No tengo claro cuándo ni por qué.

Al principio sólo subrayaba los libros de poesía. No sé por qué hacía esta excepción. Si el poema completo me gustaba, subrayaba con una línea vertical desde el primer al último verso. A diferencia de otros, lo hacía con esfero y siempre con un separador que hacía las veces de regla. Intervenía en el libro intentando afectarlo lo menos posible. Cosa que, por supuesto, no es cierta. Subrayar afecta y transforma un libro.

Después comencé a subrayar los libros en prosa. Líneas, párrafos, páginas… A partir de este momento tres cosas se le agregaron a ese subrayar: anotar en la última hoja los números de las páginas donde había señalado algo y, aún más radical, copiar en la primera página las citas que más me habían gustado (también con letra diminuta, de alguna manera ilegible para los demás y, con seguridad, dentro de algunos años, también para mí). Y, para completar, comencé a corregir, complementar y a dialogar con su contenido. A escribir en ellos. De esta manera, literalmente, intervenía en los libros intentando de alguna manera hacerlos más míos.

La paradoja es que por mi oficio de librero de libros usados (o de segunda mano, que es como los llamo) cuando me encuentro con libros así lo primero que hago es rechazarlos y enojarme con su anterior dueño: “Qué horror… ¡los masacró!”, como si el hacer esto los devaluara (y lo hace en muchas ocasiones, en mi negocio). El peor masacrador del que he encontrado libros es/era José Pubén, poeta y librero, del que aún siguen apareciendo sus libros por ahí. Literalmente reescribía sobre ellos con el primer esfero que se encontraba, rojo la mayoría de las veces. En mi caso lo hago con negro. Las consecuencias no dependen del color. Son siempre las mismas.

¿Por qué y para qué subrayar un libro? Para que el pasado (el momento y las circunstancias de hacerlo) sea siempre presente en el acto de leer. Lo que se escribe se hace presente cada vez que se lee. No importa cuándo haya sido hecho. Dejamos nuestras huellas, intervenimos en un libro, y nos hacemos uno más con él. El que fuimos se encuentra con el que somos. Al releerse nos transforma. Nos vemos como otro. Y, también, de una manera menos romántica y metafísica lo hacemos (o al menos lo pretendemos) nuestro para los lectores del futuro. Para que cuando ya no estemos y alguien se lo encuentre y lo lea, lo lea también con nuestros ojos.

Y también, para qué negarlo, yo lo hago para devaluarlos. Sí, para que cuando mis libros en el momento en que parta y ya no esté, emprendan nuevos caminos y se tropiecen con nuevos lectores, les hagan decir:

—¡Qué horror! ¡Mire este Álvaro Castillo cómo masacró este libro!

Sería chévere poder verlo.

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Guillermo Gonzalez(8126)22 de julio de 2026 - 12:30 p. m.
No, Álvaro. Es fácil subrayarlos con lápiz, así queda el recuerdo pero los nuevos lectores del ejemplar podrán decidir si borrar nuestro rastro o conservarlo. Cambie el método de una.
Lasmoiras(20wln)21 de julio de 2026 - 09:01 p. m.
Amoooo subrayar mis libros y amooo ver que subraya gente que conozco y quiero.... libros subrayados por desconocidos si me llevan a ese "Cómo masacró este libro!!"
Cordillerano(64187)21 de julio de 2026 - 05:07 p. m.
Muy buen aporte, en mi caso he decidido pasar del papel al texto electrónico que ofrece múltiples virtudes: 1) al suprimir el uso del papel y tintas contribuimos a la protección de bosques y en general del ambiente; 2) los podemos compartir con muchas otras personas sin ningún costo; 3) No se requieren grandes estantes para tener una biblioteca y de esta manera nos ahorramos los desagradables 'ácaros'; 4) podemos subrayarlos, hacer notas, extraer apartes y un largo etc./ CORDILLERANO
  • Nelson(23874)21 de julio de 2026 - 09:33 p. m.
    Nada como el olor del libro nuevo, salvo el olor de papel viejo de los libros viejos. Nada como sentir la piel de esos nuevos mundos y devorarlos a dentelladas. Para escribir, nada como la pantalla en blanco.
Dionisio(cvtsc)21 de julio de 2026 - 04:41 p. m.
El "peor criminal" era Umberto Eco que los subrayaba según el tipo de lectura que estaba haciendo: en rojo, semiótica; en verde, historia; en azul, filosofía, etc. Esos y los que los llenan de post-its, no no no: hay diarios de lectura muy bellos y prácticos ahora, dejen la pereza.
  • Dionisio(cvtsc)22 de julio de 2026 - 09:55 a. m.
    De hecho leo que tú y Shirley hacen también la tarea de pasar a un diario o una ficha lo subrayado. Esta mañana me surgió otro motivo para no subrayarlos: aprecio el libro también como objeto de arte. Sin ir más lejos, la tipografía, el interlineado, el contraste entre el color de la página y el de las letras. No creo que ningún subrayado mío mejore esa página, al contrario, lo vería como un grafiti. De hecho no recuerdo el último libro que traiga un subrayado: gana la cursiva.
  • Gines de Pasamonte(86371)21 de julio de 2026 - 05:15 p. m.
    Jajajajajaja, Dionisio, no, no se trata de pereza amigo, el resaltar es para ayudar a nuestra frágil memoria. Como lo expresé resalto y lo resaltado lo traslado a una ficha. ¡Doble profilaxis! NO PRESTO LIBROS, con contadísimas excepciones. No obstante, respeto tu criterio. Ahhh..., conocía lo de Umberto Eco. Saludos.
Dionisio(cvtsc)21 de julio de 2026 - 04:38 p. m.
Con el perdón del autor y apreciados foristas, subrayar un libro es un crimen: llevo un diario de lectura donde transcribo las citas que me gustaron (incluido el número de página). Presto libros a amigos (que me los devuelven) y me parece una grosería con ellos subrayarlos, es como meterse a la fuerza en su lectura. También confío en que cuando ya no esté alguien más los pueda disfrutar como casi nuevos.
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