Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Osmany me habló de un hombre que vendía libros en su barrio. En la calle. Como es obvio, le pedí que me llevara. Acordamos encontrarnos en Calzada, entre C y D. En el parque Villalón. No pude llegar en punto. En estos tiempos de bloqueo petrolero conseguir una máquina es una odisea casi imposible. Pasó un jeep que iba por 23. Me subí. Llegué 7 minutos después. Un apartamento en el tercer piso. Repleto de libros. El librero, locuaz y amable. Nos dejó buscar y escarbar. “Ése está buscando oro”, le escuché decir a mis espaldas. Y no pude dejar de proponerle hacer una entrevista para escribir esta crónica:
“Soy Orlando Cruz Capote y tengo setenta y tres años. Yo soy investigador histórico y filosófico, también. Di clases e hice los dos doctorados. Me gradué en la escuela de historia, aquí en el 76. Y me hice doctor en la Unión Soviética. Cuatro años. Yo me especialicé en historia del movimiento obrero comunista de Cuba y de América Latina. Tengo publicados varios libros. Sesenta entre libros y artículos en revistas. Tengo la orden Carlos J. Finlay y la Juan Tomás Rué.
Con la crisis que hay ahora aquí… Yo me jubilé, tengo un buen retiro, pero con el reordenamiento que hubo con la economía y el dinero, no tenía posibilidades de vivir. Además, me dio la catarata y mi edad, decidí que debía vender algunos libros para poder completar el dinero que me hace falta para poder hacer las compras.
Yo los vendo en la calle. En la acera abro un huequito ahí. No es venta oficial. No creo que sea un delito. Nadie me molesta. Los libros no tienen problema. Este es un oficio. Es una especialidad. Tengo muchos libros. Ahora trato de sacarle el quilo para poderlo vender. El primer libro que vendí en la calle fue un diccionario inglés-español muy bueno. Y libros de literatura. De ciencia ficción y de horror y misterio. También de historia y de política.
Yo pensaba que iba a coger nostalgia, porque los libros que yo vendo, los leí. Pero no. Es lógico. Un libro, para mí, es oro. Tú te conviertes en el autor, te pones en el papel del escritor y, si eres bueno haciendo crítica, le haces casi una edición al libro. ¿No? Yo, como soy virgo y curioso, me gusta a veces criticar demasiado.
Tengo varios libros que no vendería. El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, los libros de poesía, porque yo soy lector de poesía. He escrito poesía. La poesía es un momento más arriba de la prosa. Hay escritores que escriben en prosa y hacen poesía. Con poemas he conquistado muchachas, ¡como que no! Me casé cuatro veces, de la última no me he divorciado, muchas novias, eso es normal. A la antigua es más efectivo que a la moderna. En la antigua, tú lo escribes y a la primera oportunidad se lo entregas. Aunque no le hayas hecho nada, ese es ya el bombazo de entrada. Hay que ser romántico, ¿no? Eso no lo dije yo, lo dijo Rubén Darío: “¿Quién que es, no es romántico?”.
